Varios, Apuntes filosóficos, Publicaciones, Revistas publicadas, ReflexionesMay 20, 2008 10:38 pm

La responsabilidad de los futuros ingenieros para luchar contra el cambio climático no es nada despreciable…

En estos tiempos de anuncios de catástrofes futuras, en las que apenas creemos, pues vemos todavía remotas, debemos realizar un ejercicio de reflexión sobre nuestra responsabilidad. Es verdad que algunos están hartos de oír hablar del efecto invernadero, del cambio climático y de la destrucción del planeta. Sin embargo, también es verdad que se trata de un tema que no debe acabar en el baúl de los recuerdos y por tanto siempre se ha de tener presente. Sólo podríamos dejar el asunto cuando éste estuviese resuelto y aún estamos muy lejos de conseguirlo. La responsabilidad a la que me refiero no es sólo la que incumbe a cada ciudadano, sino aquella que especialmente nos afecta a nosotros, posibles futuros ingenieros del sector de la industria. Es cierto que el papel de cada uno de nosotros parece insignificante en la construcción de una industria futura, pero si pensamos como colectivo, no es nada despreciable.

Respeto y austeridad.
El respeto se basa en no anteponer nuestros intereses económicos ante los intereses ecológicos de todos, porque nos estaríamos hipotecando a largo plazo y estaríamos afectando a algún vecino, que poco o nada tiene que ver con nuestras actividades, que destrozan la tierra a la que él también tiene derecho. Pagar por contaminar no tiene sentido, no exime de la culpa: seguro que a nadie le gusta que alguien defeque en el felpudo de su portal aunque pague por ello (además éste no deja de ser un guarro un tanto excéntrico).
La austeridad va de la mano del desarrollo. Está claro que no deseamos volver a las cavernas ni detener nuestro desarrollo pues el humano es un ser que siempre desea ir a más. Sin embargo, más allá de las reflexiones filosóficas sobre lo que es estrictamente necesario, tenemos que pensar que lo mejor no es siempre lo más impresionante, lo más potente o lo que permite a primera vista ir más lejos en nuestro desarrollo. Lo más desafiante debería ser un desarrollo duradero en sí mismo. Es posible vivir feliz y cómodamente con menos de lo que podemos alcanzar. Si a la voluntad inmediata de “poseer” anteponemos la voluntad general y a largo plazo de “sobrevivir”, entenderíamos mejor el término de austeridad. Hemos de pensar de qué podemos prescindir si queremos que tanto los humanos de ahora como las generaciones futuras puedan disponer del desarrollo que el primer mundo ha alcanzado y de una Tierra sana.

La ambición humana de crear sin límites ha de acoplarse a nuestro entorno y a la realidad de un planeta que puede decir “basta”, a la realidad de una especie que debería optar a lo mismo en todas partes y en todos los tiempos. Subordinando nuestro desarrollo a estos principios, junto con el de solidaridad con el presente y el futuro, podríamos dejar de hablar del cambio climático sin sentirnos culpables.

¡farero!

Varios, Relatos, ReflexionesApril 29, 2008 10:29 pm

“Traidor”, pensó la muchacha bajando del coche. En su casa se cambió los zapatos por unas babuchas con hilos de oro, y se abrió el pecho para limpiar su corazón. Lo hizo suavemente, con un paño humedecido, sacando una por una todas las finas agujas de plata que lo oprimían. Luego colocó otra vez todo en su sitio. Era una operación rutinaria que repetía unas dos veces al día. Le llamó por teléfono. “Tú no tienes la culpa, Oscar”, le dijo, pero él tampoco se disculpó. Al colgar sonrió con tristeza un momentito, mirando a la ventana, donde detrás de su reflejo se veían lejanas las estrellas. No, él no tenía la culpa, pero él corazón a ella nunca se lo hubiera permitido. Volviéndolo a sacar lo estuvo observando un rato entre sus manos de artista. Le gustaba su corazón, y siempre le hacía caso. Latía cada vez más fuerte entre sus dedos empapados. Le gustaba, por sus paredes lisas y duras, por su peso y sus generalmente acompasados latidos. Volvió a pensar en Oscar, y otra vez le disculpó, pero pensando: “traidor”, y su corazón volvía a cubrirse de arenilla y raspones. Esta vez lo metió debajo del grifo y miró como el agua tibia llegaba a cubrirlo. “Ahora eres un pez”, le dijo y sin dejar de mirarlo se durmió profundamente en un sofá. Al despertar fue a buscarlo. El pez nadaba en círculos tranquilamente por la pila, creando ondas que reflejaban la cristalina luz de la mañana. La muchacha silbó entre dientes: “¿Dónde estás?” Él pez siguió su baile diciendo traidor, mientras ella lo miraba hipnóticamente. Durante un rato trató de capturarlo sin mucho empeño con la mano. Al no conseguirlo le ordenó: “¡Corazón!” Pero nadaba. Entonces, con un gesto rápido y los dientes apretados quitó el tapón del fregadero vaciándolo, y lo dejó agonizar. Con mano experta sacó las tripas y se comió a bocados el resto, ignorando las últimas contorsiones, y el dolor que le causaban las espinas al partirse en el paladar. Luego bajó al coche: iría a casa de Oscar. Sus ojos castaños le devolvieron la mirada en el retrovisor. Vio como el sol se reflejaba en su flequillo negro. Dibujó una sonrisa y clavó las uñas en el volante, mirando con determinación. Ya llegaba. “Traidor”. Entonces lanzó un grito que le sorprendió a ella misma. No pudo seguir conduciendo. Las espinas, sin corazón en el que clavarse se le hundían en la carne y él dolor que causaban le recorría todo el cuerpo. Contorsionándose y gritando en el asiento delantero, sintió como la sangre le llegaba a la boca y le enturbiaba la mirada mientras pensaba cada vez con más fuerza: “traidor”. Y las palabras que le guardaba ya nunca llegaron a su destino.

bichitis

ReflexionesApril 8, 2008 10:09 pm

“Hola niños y niñas, estoy aquí para presentaros la siguiente función, ¡una de las mejores que hayáis visto nunca! ¡Espléndida! ¡Sublime! Preparaos, que llega: ¡Politini el magnífico!”

Tras esto, Arlequín salió del escenario sin borrar de su boca la cínica sonrisa pintada. Se retiró el telón suplantándolo una cortina de humo. Acompañado de una música inquietante, surgió un individuo de la nada, con chistera y chaleco rojo. Dio un bote y desapareció. Dos segundos después, estaba sentado en una butaca en la que había antes un niño. Se subió al escenario, se sacó la chistera y de ella saltó el chico, que no salía de su asombro. Uno tras otro, se sucedieron los milagros, a cada cual mejor.

A la salida, Aurelia y Venancio comentaban contentos lo bien que habían invertido sus pagas, reservadas para la ocasión, cuando un hombre, que venía de la puerta trasera del teatro, se les acercó diciéndoles:
- Parece que os ha gustado.
- Sí, mucho –dijo Aurelia. ¿Arlequín? ¿Eres tú?
- No, soy un simple pinche –dijo escondiendo un cascabel en el bolsillo. Me preguntaba si querríais entrar en el teatro para ver lo que esconde.
- ¡Síiii! –dijeron casi al unísono.

Arlequín les dio un paseo por los camerinos donde pudieron ver a Politini y a sus ayudantes, pero aquel les saludó don indiferencia y susurró a Arlequín un te dije que no volvieras a traer a los niños aquí, todavía tengo los hilos de la camisa sin quitar. Venancio lo escuchó, pero no dijo nada. Arlequín siguió con la visita guiada y les enseñó los artilugios que servían para hacer levitar al mago, para fabricar el humo que parecía que surgía de sus manos, las cajas con doble fondo y las jaulas plegables de las que desaparecían los pollitos: estaban manchadas de sangre. Los niños tenían ya desdibujada de su cara la sonrisa con la que habían salido del teatro y le pidieron al hombre que les enseñase la salida.

Volvieron andando a casa sin abrir la boca para hablar y se despidieron sin mediar palabra. Al llegar a casa, Aurelia se encontró con su padre y le contó lo ocurrido. Éste, tras esbozar una sonrisa casi inapreciable, le dijo:
- No te preocupes hija, te irás acostumbrando a ello a medida que vayas creciendo. Te darás cuenta de que en la vida hay muchas obras de teatro o funciones de magia que no son reales, son ilusiones que creamos las personas, unas veces para reírnos o soñar, otras veces para engañar. Éstas últimas son las más peligrosas y son de las que has de tener mucho cuidado. Sin ir más lejos, el 9 de marzo va a empezar una que se repite cada cuatro años y dura otros cuatro. En ella, como hoy tú has comprado la entrada, la gente no tiene más que depositar un papelito en una cajita con el que se elije a los actores de la función. Cada mes tiene que pagar por esa función, porque los actores tienen que comer y realizar la representación por los demás, que no quieren o no son capaces de hacerlo. Lo que ocurre es que si les gusta, pueden verla hasta el final, pero si no les gusta, no pueden cambiar nada en ella, no pueden detener la función y lo único que parece estar a su alcance es no mirar. Finalmente, hay unos pocos como tú que llegan a ver el vientre del teatro y se dan cuenta de lo falsa que es la función. Entonces, cultivan esperanzas para que la siguiente función sea mejor, pero resulta ser casi la misma.
- ¿Y no se puede hacer nada para cambiarlo?
- Sí, pero es difícil porque hay mucha gente que va a ver la función porque el resto de sus vecinos van a verla o porque tienen miedo de que deje de haber funciones para elegir y que estén “obligados” a ver una. Sin embargo, algunas personas se atreven a exigir a los comediantes que dejen de actuar, protestan en la entrada del teatro o no acuden a él. Otras, pretenden hacer una función en la que todos sean actores y espectadores a la vez, pero les llaman idealistas y utópicos, así que cejan en su empeño.

Aurelia acabó de escuchar a su padre y se quedó mirando al vacío. Esa noche no cenó, no durmió. Al día siguiente, se encontró a Venancio en el colegio.
- Voy a montar una obra en la que todos actuemos. ¿Te apuntas? Hay que decírselo a…

NoinectsbA

Varios, Apuntes filosóficos, Revistas publicadas, ReflexionesDecember 19, 2007 1:50 am

Simplificar siempre ha sido muy humano. Simplificamos tanto que hemos llegado hasta el límite: Hemos simplificado nuestra opinión. Ya no hay gris, todo es blanco o negro. Hay pruebas de ello: El cambio climático es o catástrofe o inexistente, el Rey es o salvador del Reino o mataindios, El Orfanato es o bodrio u obra maestra, Pilar Rubio es o diosa del olimpo o tía rara con ojos chungos… Así estamos, y así nos va. Con una clase política plenamente identificada con esta realidad social y una sociedad totalmente persuadida por los medios, no avanzamos ni retrocedemos, sólo nos quedamos contemplando el panorama a ver si un día pasa algo y podemos discutir sobre su color.

- En “El Mundo” dicen que ha sido ETA.
- Na, pero los de “El Mundo” no tienen ni idea, en “El País” dicen que han sido los islamistas.
- Ya, pero “El País” es de Prisa, y Prisa está vendida al PSOE… Son parte de la conspiración.
- Sí claro, y “El Mundo” va de por libre, ¿no? Además no hacen más que inventarse pruebas y malversar la información.

¿Cuántas veces has escuchado esta conversación? Yo cientos (y casi siempre estaba en el ajo). Sin embargo, sigo prefiriendo creerme una versión (y no me refiero al 11M, si no al noticiario en general)… Porque es mucho más fácil creer lo que te dicen que buscar en qué creer. Es más fácil decidirse por la Light o la Zero que pensar en la posibilidad de mezclarlas, y es más difícil aún el pensar en hacer la tuya propia, sin ingredientes predefinidos, ni procesos ya creados por mentes preclaras.

MetalfanN