Más de mil cámaras velan por su seguridad.®
George Orwell se equivocó… de fecha. Pensó que en 1984 viviríamos en un mundo privado de libertades en el que los individuos dejarían de ser individuos, pues ni siquiera se les permitiría pensar, pasando a ser piezas de la maquinaria de un estado totalitario. El Gran Hermano lo vería todo, hasta la intimidad de sus sueños.
El temor a un futuro en el que la libertad no sea más que una palabra en desuso ha sido un tema recurrente a lo largo de las últimas décadas. La idea de que ese futuro puede no andar muy lejos va cobrando peso con el paso de los años. Ya no existe una URSS que, con grandes medios tecnológicos, se dedique sin excusa a vigilar a sus habitantes. Hoy día los países más poderosos son “democracias” y sus ciudadanos viven tranquilos pensando en que las medidas que toman sus gobernantes (“elegidos”) son por su propio bien.
Durante muchos años simplemente se nos dejó vivir, a veces obligados a trabajar para alguien y otras con mayor libertad. En algún periodo esto ni siquiera fue posible para algunos, que fueron exterminados por ser A o B. No obstante, pese a lo sangrienta que es la Historia, hace no mucho que se dio un respiro a sí misma y conseguimos un paquete de libertades a las que nos hemos estado aferrando desde entonces. Una de ellas, precisamente la del voto libre, ha estado sirviendo últimamente para que las demás se vean mermadas. Nosotros les elegimos y ellos eligen por nosotros; nos “protegen”.
Nos tenemos que identificar, nos cachean, no nos dejan llevar o consumir ciertas sustancias peligrosas para nuestra salud, leen nuestros mails, nos vigilan con cámaras, nos observan, nos observan, nos observan… Sé que esto puede parecer paranoico pero es una realidad y la vivimos a diario.
Creo que no podemos dejar que nos controlen tanto.
En primer lugar por una cuestión de dignidad: no debemos tolerar que se sospeche continuamente de nosotros. ¿No sería desagradable que un amigo (como se considera al Estado) te pidiese todos los días mirar en tus bolsillos para ver si le has robado algo? No podemos dejar que se nos trate de este modo y que se nos intente proteger de un mal omnipresente, que no dejará de existir por muchos medios disuasorios que se inventen, siempre ignorados por aquellos que realmente deseen cometer crímenes. La causa de la mayoría de éstos no se encuentra en la falta de seguridad sino en una falta de educación y la ausencia de preocupación por aquellos individuos más proclives a cometerlos.
En segundo lugar, no es descabellado pensar en que los medios que le cedemos al poder para vigilarnos y controlarnos se pueden volver contra todos nosotros. Estamos hablando de armas de doble filo con las que personas honestas pueden actuar honradamente y con las que seres sin escrúpulos son capaces de intentar dominarnos aún más y conservar su poder.
¿Merece la pena renunciar a nuestras libertades para que nos protejan? ¿Merece la pena arriesgarnos a que un individuo nos haga daño o a que se nos haga daño a todos? Yo no quiero armar a aquellos que les concedemos el poder, por buenos propósitos que tengan, pues se pueden volver opresores y la protección transformarse en agresión. Hoy día lo estamos experimentando con trabas a nuestra libertad pero ¿cuál será el siguiente paso? Yo prefiero no saberlo, prefiero que la literatura siga siendo literatura y que no pase del papel a la realidad.
farero
