Varios, Publicaciones, Revistas publicadas, ReflexionesApril 16, 2009 2:31 pm

George Orwell se equivocó… de fecha. Pensó que en 1984 viviríamos en un mundo privado de libertades en el que los individuos dejarían de ser individuos, pues ni siquiera se les permitiría pensar, pasando a ser piezas de la maquinaria de un estado totalitario. El Gran Hermano lo vería todo, hasta la intimidad de sus sueños.

El temor a un futuro en el que la libertad no sea más que una palabra en desuso ha sido un tema recurrente a lo largo de las últimas décadas. La idea de que ese futuro puede no andar muy lejos va cobrando peso con el paso de los años. Ya no existe una URSS que, con grandes medios tecnológicos, se dedique sin excusa a vigilar a sus habitantes. Hoy día los países más poderosos son “democracias” y sus ciudadanos viven tranquilos pensando en que las medidas que toman sus gobernantes (“elegidos”) son por su propio bien.

Durante muchos años simplemente se nos dejó vivir, a veces obligados a trabajar para alguien y otras con mayor libertad. En algún periodo esto ni siquiera fue posible para algunos, que fueron exterminados por ser A o B. No obstante, pese a lo sangrienta que es la Historia, hace no mucho que se dio un respiro a sí misma y conseguimos un paquete de libertades a las que nos hemos estado aferrando desde entonces. Una de ellas, precisamente la del voto libre, ha estado sirviendo últimamente para que las demás se vean mermadas. Nosotros les elegimos y ellos eligen por nosotros; nos “protegen”.

Nos tenemos que identificar, nos cachean, no nos dejan llevar o consumir ciertas sustancias peligrosas para nuestra salud, leen nuestros mails, nos vigilan con cámaras, nos observan, nos observan, nos observan… Sé que esto puede parecer paranoico pero es una realidad y la vivimos a diario.

Creo que no podemos dejar que nos controlen tanto.
En primer lugar por una cuestión de dignidad: no debemos tolerar que se sospeche continuamente de nosotros. ¿No sería desagradable que un amigo (como se considera al Estado) te pidiese todos los días mirar en tus bolsillos para ver si le has robado algo? No podemos dejar que se nos trate de este modo y que se nos intente proteger de un mal omnipresente, que no dejará de existir por muchos medios disuasorios que se inventen, siempre ignorados por aquellos que realmente deseen cometer crímenes. La causa de la mayoría de éstos no se encuentra en la falta de seguridad sino en una falta de educación y la ausencia de preocupación por aquellos individuos más proclives a cometerlos.
En segundo lugar, no es descabellado pensar en que los medios que le cedemos al poder para vigilarnos y controlarnos se pueden volver contra todos nosotros. Estamos hablando de armas de doble filo con las que personas honestas pueden actuar honradamente y con las que seres sin escrúpulos son capaces de intentar dominarnos aún más y conservar su poder.

¿Merece la pena renunciar a nuestras libertades para que nos protejan? ¿Merece la pena arriesgarnos a que un individuo nos haga daño o a que se nos haga daño a todos? Yo no quiero armar a aquellos que les concedemos el poder, por buenos propósitos que tengan, pues se pueden volver opresores y la protección transformarse en agresión. Hoy día lo estamos experimentando con trabas a nuestra libertad pero ¿cuál será el siguiente paso? Yo prefiero no saberlo, prefiero que la literatura siga siendo literatura y que no pase del papel a la realidad.

farero

Relatos, Publicaciones, Revistas publicadasMarch 9, 2009 10:05 pm

Se encontraba sentado en el despacho, contemplando el ir y venir de las bolas de acero colgadas. El ruido del choque siempre le había resultado placentero pero ahora no. Sin embargo, no podía detenerlas pues tenía la impresión de que el tiempo se pararía en ese momento de desasosiego. Una extraña palpitación se apoderó de su interior. No podía dejar de pensar: en todo y en nada, como si hubiese un muro en su cerebro que detuviese el procesamiento de los pensamientos recién creados. Sus ojos no paraban de mirar a ninguna parte.

Descuelga el teléfono, marca número y espera tono. Responde una voz; no es él. Cuelga. Le dijo que a las doce le llamaría y no lo ha hecho. Ya es la una; algo ha debido de salir mal. Ahora le rastrearán, darán con él y todo se irá a la mierda. ¿Y si la anterior voz era la suya? Ahora que lo piensa, tampoco ha tardado mucho en colgar. ¿Entonces por qué no le ha llamado? A lo mejor no ha completado la misión y no le ha dado tiempo a volver. Vuelve a descolgar y a llamar al mismo teléfono. Una voz más familiar le responde “calle Buenavista 8, 3ºC, dentro de media hora” sin darle tiempo a replicar.

Dejó el teléfono descolgado para evitar que sonase en su ausencia y se fue a pie del piso franco para evitar los controles del tranvía o del autobús. Escondió el revólver en el pantalón y la pastilla de cianuro en el bolsillo de la chaqueta, como siempre. El camino se le hacía infernal y no paraba de sudar a la vez que le daba la impresión de que no avanzaba y de que no llegaría nunca. Estuvo barajando la posibilidad de que fuese una emboscada pero tenía que saber si su compañero estaba vivo, muerto o capturado.

Sube las escaleras poco a poco intentando captar cualquier sonido. 3ºC: la puerta está entreabierta, la empuja y lo ve en el suelo, boca abajo. Mira a todas partes. No hay nadie más. El cuerpo yace sin sangre alrededor y empuña un revólver, con el cañón abierto, sin balas. Pálido, se acerca a él, se arrodilla, coge aire y solo se atreve a introducir la mano en el bolsillo, vacío, de su chaqueta. Encima de la mesa, un teléfono descolgado, unas bolas de acero.

farero

Relatos, Publicaciones, Revistas publicadas 10:04 pm

Una playa larga, como una alfombra, a la derecha el mar que rompe suavemente, las dunas a la izquierda y a diez metros de la orilla, un piano de cola que suena sin necesidad de pianista: es lo que Lucía recuerda de aquel momento. La melodía del piano es tan agradable que estremece las cuerdas de su corazón y provoca en su cabeza un tintineo de ensueño.

Ahora siente la arena húmeda bajo sus pies y la brisa en sus cabellos. Sonríe y corre debido a un impulso inexplicable. Está desnuda. Un punto negro en el horizonte va tomando forma de piano de cola. En cuanto llega a él, se tropieza con algo en el suelo. Es el pianista pues lleva pajarita, pero solamente una pajarita. No tengas miedo Lucía, el piano toca solo, mientras, yo descanso. En efecto, sonaba aquella melodía que surgía del piano en forma de bellos pájaros, hacia el cielo, hacia las nubes. Descansa, Lucía.

Lucía despierta entre sábanas y arena con el canto de las aves. Mientras, el pianista esconde la pajarita en sus calzoncillos. Despierta, Lucía, despierta.

farero

Relatos, Humor, Publicaciones, Revistas publicadasDecember 16, 2008 5:00 pm

Iba yo en mi moto y, de repente, ya no iba en ella. Os lo juro, por mucho que os pueda parecer que la ingravidez es algo acojonante, a mí el hecho de volar durante medio minuto en dirección a la única mierda de perro de toda la calle me pareció de todo menos memorable. El caso es que gracias al susodicho zurullo, que habría plantado algún chucho con una cagalera digna de un caballo, mi cara no acabó con quemaduras de tercer grado, aunque sí con cierta cantidad de material en descomposición.

El caso es que, tras el aterrizaje, la chica que generó mi momentánea habilidad voladora vino a auxiliarme… Pero en vez de eso llegó, me vió la cara y se giró a vomitar un desayuno compuesto de Special K y zumo de papaya. Tras 5 largos minutos de excreción bucal, su deshidratación era tan elevada que fui yo el que la tuvo que acompañar al hospital… O eso hubiera hecho si mis piernas no hubieran decidido declararse en huelga indefinida y mi cabeza hubiera decidido respaldarlas en todas sus reivindicaciones. El caso es que, al final, acabamos en casa de una viejecilla sorprendentemente arrugada, manifiestamente loca e increiblemente guarra que tuvo a bien en recogernos. Mi primera reacción al verla (recordad que mi cabeza aún estaba lanzando piedras en alguna barricada) fue la de decir: ¡Es una bruja! ¡Es una bruja! Lo que provocó que mi accidentada acompañante levantara la cabeza y nos mostrara una vez más por qué, en mi recuerdo, aquella tarde de verano tenía tintes “halloweenescos”. Medio minuto más tarde, yo estaba persiguiendo a “la bruja” con el objetivo de ver si pesaba más o menos que un ganso (ref. Los Caballeros de la Mesa Cuadrada), mientras “la endemoniada” hacía gala de una inusitada valentía, al levantarse en estado de trance y tratar de ayudarme a capturar a la furcia de satanás que nos había atrapado. Tras un forcejeo marcado por dos hitos de carácter histórico: “El mordisco de los 100 años” y “La patada de Potsdam”, por fin nos hicimos con el control de la situación… Al menos yo me hice con él, porque mi acompañante, en su más que lamentable estado, decidió que el ser arrugado y maloliente que había en el suelo debía ser erradicado de la faz de la Tierra, y a ese menester se dedicó cuando mi conciencia decidió, una vez más, que el 4º punto del convenio entre yo (como ente) y mis piernas era totalmente inaceptable, volviendo al paro general. Cuando recobré la consciencia, ya estaba yo sentado en esa cama hospitalaria (que, por cierto, vaya sábanas más suaves que tenía) y me tocaba contarle esta misma historia al médico, a la enfermera y al chimpancé que tenía de compa de habitación (que, por cierto, vaya mal aliento que tenía).

Ahora me tienen a la espera de juicio, porque la chica con problemas gastrointestinales, por lo visto, terminó haciendo croquetas con la bruja (y no me refiero en su compañía, si no literalmente) y me acusan de ser co-responsable de semejante tropelía culinaria… Por favor, ¡si ni siquiera me gustan las croquetas!

Fdo: El hombre más asqueroso del mundo.

Apuntes filosóficos, Publicaciones, Revistas publicadas, ReflexionesDecember 15, 2008 10:52 pm

¿Qué es un estereotipo? Se trata de una lista de características pertenecientes a un ser imaginario que podemos asemejar a los demás o a nosotros mismos. De esta forma, nos ahorramos muchos esfuerzos: intentar descubrir a una persona, conocer mejor sus ideas y recordar sus cualidades. Realmente sí que es fácil vivir con ideas preconcebidas en catálogo y si se olvidan, basta con consultarlo. Además, como mucha gente es aficionada a este ejercicio, nos sorprendemos al compartir pensamientos (exactamente iguales) con otros individuos: creemos tener con ellos muchas cosas en común y solo hemos memorizado la misma página de un mismo libro. Incluso llega a ser curioso cómo uno mismo se fuerza a creer una serie de dogmas y a actuar de un forma precisa para poderse llamar “a” o “b”, para poderse adecuar a un ser humano catalogado.

Es triste pensar que nos basamos en los estereotipos en nuestra vida cotidiana y solo por el hecho de ahorrar calorías y espacio en nuestro disco duro. Muchas estupideces se dicen enarbolando banderas que no sabemos qué significan y pregonando eslóganes engendrados en laboratorios. Muchas injusticias se cometen por no ver más allá de nuestras narices o por imaginar de más; por pensar que un conservador es un facha o un socialista un rojo; por pensar que un musulmán es un terrorista o un americano un cauboi egoísta. Lo mismo ocurre cuando a un tipo amanerado le llamamos maricón y bollera a una tipa basta. Como estos, hay miles de ejemplos que muestran cómo por culpa de los estereotipos se han declarado guerras y se ha perjudicado tanto la vida diaria y la convivencia de casi todos.

Hay que intentar no difundir ideas falsas, leyendas inventadas que luego sean la base del pensamiento propio y ajeno. Sobre todo, tenemos que evitar que nos inculquen ideas preconcebidas, luchar contra los que manipulan la verdad e intentan manipular nuestras mentes con la falsa creencia de que pensar es nocivo para la salud.

farero

Varios, Publicaciones, Revistas publicadas, ReflexionesNovember 19, 2008 8:08 pm

En España la libertad es algo relativamente nuevo, ya que hace sólo unos 30 años que disfrutamos de un sistema político democrático que asegure los derechos de los ciudadanos. Este sistema también debería propugnar que todos ellos, mientras disfrutan de su libertad, cumplan con una serie de obligaciones.
Pero, ¿a qué viene esto? Pues viene a cuento de un derecho de esos que gustamos de proclamar a los cuatro vientos, el de libertad de opinión y prensa. Es decir que, supuestamente, cualquiera debería poder escribir, decir, pensar y criticar lo que quisiera… No es mi objetivo aquí defender a publicaciones como El Jueves frente a la censura que tuvo lugar a causa de cierta portada sobre la familia real o a ese periódico danés que fue tan duramente criticado por mostrar una vista poco ortodoxa de Mahoma. Lo que me apetecería es que, después de leer esto a alguien se le quede el mismo sabor de boca que a mí cuando me fui dando cuenta de un hecho irrefutable: Todos y cada uno de los medios que leemos, vemos y oímos a diario mienten como bellacos. Y eso no es libertad de nada, es un uso fraudulento de la información, que en mi opinión debería estar penado con la cárcel. No se puede permitir que toda la información que viene de América Latina se reduzca a: Chávez y Morales son unos agitadores que están matando de hambre a su pueblo y que, probablemente, llegaron de forma fraudulenta al poder (es posible, incluso, que sean hijos de Satanás). Para muestra, un botón: El País, en su edición digital, publicó hace unas semanas unas imágenes en las que los “pro-Evo” parecían unos irracionales y violentos manifestantes, mientras que los “anti-Evo” se sentaban silenciosamente en forma de protesta… Curiosamente era justo al revés. Muchos lectores indignados pidieron que se rectificara… Mutis por el foro, y a otra cosa mariposa. En nuestro propio territorio tenemos más ejemplos: El Mundo y sus conspiraciones, Cuatro y su sesgo pro-PSOE o la COPE y su Jiménez Losantos… Eso sí, todos coinciden en que 1. África sólo existe un par de días al año. 2. En los países árabes sólo hay atentados. 3. Asia se compone de China, China, Japón y, si ocurre algún desastre, Indonesia y Malasia… No creo que haga falta seguir citando, creo que todos sabemos de qué pie cojea cada medio y como usan la información para que creamos lo que beneficie sus intereses empresariales (o los de las compañías de las que dependen).
¿Qué podemos hacer nosotros, pobres mortales? Gracias al CERN tenemos esa cosa llamada internet, y en ella hay mucha gente a la que le gusta opinar, informar, o al menos decirnos cuando se nos intenta manipular. Gente que, por una u otra circunstancia conoce la verdad o tiene una opinión diferente a la que encontramos en los grandes medios. Os recomendaría que le echarais un ojo a www.rebelion.org , de allí podréis acceder a otros blogs personales, donde conseguiréis, hasta cierto punto, dejar atrás la información sesgada y alienada, e ir recuperando vuestro derecho a conocer la verdad.

Criticism™ Inc.

Varios, Juegos, Publicaciones, Revistas publicadasNovember 12, 2008 10:11 am

Se trata de un refrán popular, o eso creo:

OZ KZXRVNXRZ
VH OZ ÑZWIV
WV GLWZH
OZH XRVNXRZH

(la A es la Z, la B la Y… Se resuelve por simetría respecto a la letra central del abecedario, que es la N: “La paciencia es la madre de todas las ciencias”)

Publicaciones, Revistas publicadas, Reflexiones 10:08 am

Agradezco mucho la respuesta de Delegación, sin embargo, todavía me asaltan ciertas dudas.

1. ¿Dónde está esa portada del Historias en la que avisabais de vuestra voluntad de daros créditos en recompensa por vuestro trabajo? Yo sólo he visto una pequeña mención incluida en el apartado de Noticias Mínimas, que reza: “Estamos a punto de aprobar el reglamento para el reconocimiento de créditos de L.E. para representantes de alumnos. Estad atentos a nuevas noticias.” [Historias de la Rotonda, abril del 2008, disponible en la Web de Delegación]. Leyendo esto, da la impresión de que se trate de algo impuesto, que iba a aprobarse de cualquier forma, sin contar con los alumnos. En el siguiente Historias (también en la Web) se dice a bombo y platillo: “Por fin (…) pudimos aprobar en Junta de Delegados”. Parece tratarse de la realización de un deseo de todos, anhelado desde hace tiempo. Me pregunto: ¿existía realmente una voluntad generalizada de los alumnos de recompensar a sus delegados con créditos?

2. ¿Los controles a los delegados para comprobar su trabajo, los realizarán los mismos delegados? ¿Cuál será el grado de transparencia?

3. ¿Hasta qué punto es legítimo que unos representantes, gozando de su poder como tales, voten propuestas que les beneficien a ellos mismos sin haber consultado antes con aquellos que les han permitido estar donde están? No creo que se deban cambiar las reglas del juego sin contar con todos los jugadores.

Aunque ya se haya votado el Reglamento, no sólo yo sino todos, tenemos derecho a protestar si consideramos que se han cometido injusticias o que las cosas no se han hecho del todo bien. Así mismo, no veo descabellado proponer una consulta que legitime –para cualquiera de los lados- una actuación dudosa. ¿Qué problema habría para ello? ¿Acaso es el mismo que existió para no contar con los alumnos y obrar de manera rápida y unilateral? Quizás es el temor a que los alumnos digan no, a que tengan en su cabeza una idea distinta que vosotros de lo que debería ser un delegado altruista.

J.C.

Varios, ETSII, Publicaciones, Revistas publicadasOctober 27, 2008 7:49 pm

Algunos delegados creen que no se aprecia lo suficiente su trabajo. Por lo que he oído en boca de muchos alumnos, tengo la impresión contraria: piensan que realizan una buena labor y que dedicar su tiempo libre a los asuntos de todos es algo admirable. Estoy muy de acuerdo con ello.

Ahora bien, mi opinión es que debería seguir siendo un trabajo altruista y que los delegados no deberían tener una recompensa “material” por ello. La satisfacción del deber cumplido debería ser suficiente. “No, es que con el incentivo, todos se implicarán más…” El argumento de darle una zanahoria al burro “pá que ande” nunca me ha convencido. Además, me gustaría saber quién efectuaría los controles para ver si los delegados trabajan. ¿Los llevarán a cabo los propios delegados?

Sin embargo, de existir un deseo generalizado de recompensarles con créditos, se debería debatir sobre el tema y llevarse a votación entre el alumnado; no me parece bien que se trate de una propuesta de los delegados, para los delegados y votada por los delegados. Respeto las opiniones ajenas, pero al existir una posible división de pareceres, propongo que se vote y que se respete el resultado de las urnas.

Confío en los delegados y creo que trabajan bien; no hace falta darles créditos para que rindan más porque ya lo hacen a un alto nivel, ¿o no es así? De darse dichos créditos, los alumnos serán más críticos con los delegados y su nivel de confianza bajará. Sin los créditos, sé que quien está ahí es porque quiere de verdad y se moja por los demás.

J.C.

Varios, Apuntes filosóficos, Publicaciones, ReflexionesOctober 18, 2008 3:39 pm

¡Joder, han vuelto a cortar la calle! Todo está preparado: las luces, las vallas protectoras, las cámaras, la alfombra (claro) y los infatigables fans. Es una fiesta de purpurina y brillantina en el local de moda de la ciudad. Una inundación de lo “fashion” que obliga a renovar el armario que rebosaba ya de prendas nuevas.
Van llegando los coches impresionantes, los descapotables, las limusinas en las que rebotan los miles de “flashes”. Los adeptos a la ceremonia gritan al unísono con un chillido que sólo agrada a las estrellas.
Bajan de sus carros, embellecidos por capas de química y petróleo. El oro negro de sus caras les da un brillo especial y sus dientes parecen conchas pulidas por el mismo mar que, junto con la mala vida, cuarteó sus pieles antes de ser arregladas por Mr. Bottox. Estatuas vivientes, imágenes de culto, belleza embotada que aplaca las frustraciones de los fieles que acuden al espectáculo con sus estúpidos ritos. Su medicina diaria son las sonrisas y reverencias, las sesiones de fotografías y los litros de tinta desechada en inútiles estampitas recordatorias.

Es sin embargo una iglesia que se mantiene por sus fieles, como debería ocurrir en todas partes. Ellos se ocupan de que sus santas tengan más tetas y menos arrugas y sus santos más músculo y menos canas. Ellos se ocupan de que vivan en palacios de oro y de mantener sus ridículos despilfarros. Sin embargo, cuando creen que alguno de sus antiguos semidioses está algo fuera de lugar, le hunden en la miseria y le hacen desaparecer de su iglesia. Tanto aclaman a alguien como lo destripan. Realmente, es lo más justo de esta religión, que eliges a los que adoras.

Me pregunto si de verdad merece la pena construir todo esto para luego destruirlo: amar algo tan efímero y superficial que no tiene poder para mantenerse en pie por sí mismo. Si sirve de algo dedicar tanto tiempo y esfuerzo a ídolos tan vacíos por dentro.
Creo que en el fondo sucede como con una piñata, que contemplas boquiabierto y que necesitas romper en mil pedazos para conseguir todas las esperanzas que habías depositado en ella. La desmitificas y sonríes: has ganado la partida, eres más fuerte que ella. Catarsis.

Es posible que lo único bello de este artificio sea la lluvia de estrellas, más bien la caída de éstas, la decrepitud de unos seres que se han aprovechado de las mentes acomplejadas de los otros o bien han sido demasiado inocentes como para pensar que sus adoradores les aguantarían toda la vida en un firmamento de cuento.

farero