Varios, Libros, Revistas publicadas, Poemas, ReflexionesDecember 12, 2008 5:10 pm

Si aún hoy es duro ser mujer en países como España, en lugares como Afganistán, nacer mujer es una autentica maldición. En “El librero de Kabul”, aprendí de Âsne Seierstad, que contrariamente a lo que se piensa, el burka no es una prenda tradicional afgana, si no que fue ideado a principios del siglo XX por un rey, para ocultar a las 200 mujeres de su harén de las miradas de deseo, de aquellos hombres que pudiesen adentrarse en sus dominios privados. Esto es algo que no deja de ser más que una obvia prueba, de que no siempre se innova para mejor.
Dicen que el objetivo de las sociedades es hacer feliz a los individuos que las conforman. Si es así, entonces la sociedad afgana hace mucho que extravió el camino, al menos, en lo que concierne a la mitad de sus individuos. Y sin embargo, pese a todo, la mujer afgana no renuncia a su libertad, y la expresa por las dos formas que puede, no reñida la segunda con la primera, pero esta primera reñida con cualquier otra. La primera, ya lo habréis imaginado, es el suicidio. Tomar tu propia vida, el acto de suprema libertad. No hay nada más magnífico que decidir sobre tu propia muerte. Es el grito último de rebelión de estas rosas nacidas en un erial, marchitadas nada más abrirse por el abrasador sol de una opresiva sociedad patriarcal, anclada en el más feroz tribalismo medieval. A la mierda el padre, los hermanos y el marido, e incluso la madre, que permite que hagan a su hija lo que antes hicieron con ella.
“Tengo en la mano una flor que se marchita,
no sé a quién dársela en esta tierra extraña.”

A través de versos como estos vive la segunda forma. Los Landys son composiciones cortas, de solo dos versos de nueve y trece sílabas, pero de marcada musicalidad interna. Son como un relámpago en las tinieblas que inflama el aire con violencia, para al instante desaparecer sin dejar el menor rastro de su fugaz vida, solo la impresión perturbadora de que algo ha ocurrido.
“Dios, úneme a él aunque sea un solo instante,
como un fugaz relámpago en los oscuros brazos de las nubes.”

Son como arrebatos de furia, voces de rabia, de revuelta hacia la vida que les hacen vivir. Cantados durante la fatigosa caminata al pozo, durante la soledad de las jornadas de trabajo de esclavas interminables y por supuesto durante las celebraciones en que las mujeres departen, cantan y bailan, separadas de sus amos.
Pues sus amos son, porque para algo las han comprado, y a ellas les resultan cuanto menos indiferentes, si no peor…
“¡Oh, Dios mío! Me envías de nuevo la noche oscura,
y de nuevo tiemblo de la cabeza a los pies, pues debo entrar en el lecho que odio.”

Improvisados por poetisas anónimas, pasan de boca en boca, de generación en generación de siervas, pulidos por el paso del tiempo, hablando de amor, de honor y de muerte
“En secreto ardo, en secreto lloro,
soy la mujer pastún que no puede desvelar su amor.”

De amor… El amor está vedado en la sociedad pastún y normalmente se salda con el asesinato cruel de los amantes,
“Dame la mano, amor mío, y partamos a los campos
para amarnos o caer juntos bajo las cuchilladas.”

O al menos, de uno de ellos (Adivinad cual).
“¡Amo! ¡amo!, no lo oculto. No lo niego,
aunque por ello me arranquen con el cuchillo todos mis lunares”

Por eso ella, que es la que más riego corre, lo zahiere, lo impulsa a tomar riesgos, se burla de su cobardía, hace uso implacable del control que ejerce sobre su amante, porque aquí quien manda es ella…
“Si buscas el calor de mis brazos, debes arriesgar la vida,
pero si estimas tu cabeza, abraza el polvo en vez del amor.”

En una sociedad eminentemente tribal como la pastún, que ha vivido los últimos treinta años en una guerra constante, ellas entran al juego pueril de los hombres, escogiendo sus amantes entre los valientes,
“Vuelve acribillado por las balas de un tenebroso fusil, amor,
yo coseré tus heridas y te daré mi boca.”

Los landys finjan un instante de emoción efímero como un suspiro, intensos como una puñalada, invitan a abrazar la vida,
“Tómame primero entre tus brazos y estréchame,
solamente después podrás anudarte a mis muslos de terciopelo.”

a desposarse con el momento,
“¡Que el almuédano lance su llamada a la oración del alba,
no me levantaré mientras no quiera mi amante!”

Sorprendiéndonos por su sensualidad, a veces imaginativamente sugerida,
“Anoche estaba junto a mi amante, ¡Oh velada de amor que nunca volverá!
Como un cascabel, con todas mis joyas, estuve tintineando es sus brazos hasta bien entrada la noche.”

Otras veces, expresada de forma mucho más explicita.
“Con gusto te daría mi boca,
pero, ¿Por qué mover mi cántaro? Ya estoy toda mojada.”

Este es el canto de las mujeres afganas, que con el cuerpo molido permanecen en pie, de las que me era imposible no hablar, pues son la prueba que hasta en una celda oscura germina la humanidad.
“Pon tu boca en la mía,
pero déjame la lengua libre para que hable de amor.”

De amor, y libertad…

Por: El Exiliado del Mitreo

Varios, Libros, Revistas publicadas, Reflexiones 2:37 pm

null

Autor: Simon Sebag Montefiore

Editorial Crítica /Colección Memoria Crítica

Precio: 28€

854 páginas

Banderas rojas ondeando sobre la blanca nieve. El sonido, como la mar de fondo, de las voces roncas de las muchedumbres furiosas. Lágrimas de júbilo y cantos de triunfo, unido al espantoso silencio de los asesinatos en masa. Iosif Visariónovic Djugashvili, el eterno conspirador georgiano, un monstruo para algunos, aunque no hace más de un par de meses estuvo a punto de ser votado el ruso más importante de la historia. Eso, hasta que los cachorros del presidente Pútin volcaron la votación hacia Nicolás II (que duda cabe, de que el Zar debió ser el ruso más importante de la historia, ya que gracias a él tuvo lugar la revolución), pero esto es algo que no viene al caso.

Qué sencillo resulta engañarnos diciendo que era simplemente un monstruo. Así nuestra conciencia queda indemne. Sentimos con alivio que ya no es necesario que nos esforcemos en empatizar y escapamos de cualquier tipo de conclusión destinta de: “Era indudablemente un caso único, algo que nunca se volverá a repetir”. Puede que, en efecto, esto sea lo más sencillo, pero no deja por ello de ser más que un vulgar subterfugio.

Por mucho que nos aterre, resulta más que obvio afirmar que Stalin era un hombre. Un hombre brillante, ambicioso y despiadado, que desde un origen humilde, supo alzarse hasta la cima del mundo en uno de los siglos más tumultuosos que ha conocido la humanidad. Un hombre que escribía tiernas cartas a su mujer (de cuyo suicidio nunca se recuperaría del todo), un hombre al que le gustaba jugar y bromear con la multitud de críos de la inmensa familia socialista, que correteaban por los patios del Kremlin, especialmente con su hija Svetlana (aunque ella acabase renegando de él). Stalin era un hombre, al que le gustaba reunirse con sus viejos amigos del partido, en fiestas que podían durar hasta el alba, a beber vodka y a cantar, con su hermosa voz de tenor, baladas cosacas y melancólicos lamentos de su Georgia natal.

Pero por supuesto, también era un hombre con una fe prácticamente religiosa en el ideario bolchevique. Un ser, imbuido con la fanática determinación de un sacerdote y que estaba convencido de que sólo podía alcanzarse la redención a través de la muerte. De modo, que no le temblaba la mano al ordenar la deportación o el exterminio de poblaciones enteras, sí las juzgaba enemigas de la revolución, instaurando en la Unión Soviética un régimen de terror sistemático, que sólo se suavizaría tras su muerte. Este astuto zorro georgiano, rechazado internacionalmente por el socialismo tras su muerte, no es más que el típico fruto de cualquier ideología. De hecho, en cierto modo, están para eso las ideologías, para darnos el convencimiento absoluto de que somos los únicos en posesión de la verdad. Una verdad que sin embarazos se pliega ante nuestra óptica particular y que nos hace ver los hechos a la luz polarizada de nuestra realidad.

Este libro es la narración absorbente de aquel mundo, en el que el rojo de las estrellas se fundía con el de la sangre manando de agujeros de bala. Una historia reconstruida como no se había hecho hasta ahora, ya que el autor ha tenido acceso, por primera vez, a los archivos del dictador y de sus colaboradores. De modo que en un lenguaje atrayente, al estilo de la historiografía británica, ha dejado que los documentos hablen por sí mismos y sean los propios actores los que nos desvelen lo que se cocía en la corte imperial del primer y último gran Zar de todos los soviets.

Por: El Exiliado del Mitreo

Libros, Revistas publicadasMarch 4, 2007 11:48 am

“Empezar de cero”. “Comenzar de nuevo”. Expresiones tan conocidas como éstas son llevadas a su máxima expresión en este libro de Almudena Grandes. Juan y Ana, con pocas o ninguna cosa en común en su pasado, coinciden en este nuevo comienzo que ambos han decidido emprender, cada uno con sus propios motivos, su propia historia, esa memoria que en un nuevo lugar quieren dejar atrás.

Almudena va alternando el pasado que les ha hecho llegar hasta su nuevo hogar en un pueblo apartado en la costa gaditana, con el presente que viven, con su adaptación a sus nuevas vidas, con sus deseos de empezar. Sara, una niña a la que las penurias de la época de la posguerra le hicieron vivir una infancia compleja, conociendo las comodidades de los vencedores y las penurias de los vencidos. Juan, al que los caprichos de la carretera le arrebataron al amor de su vida, dejándole a cambio a cuidados de un hermano deficiente y de una sobrina que necesita olvidar.
Y como nexo de unión entre ambos, en sus nuevas vidas aparece Maribel, asistenta de ambos, dicharachera y con avidez de información de estos dos inquilinos cuyos pasados se difieren en tanto… o quizás en tan poco…

Os recomiendo que os leáis este libro, ahora que hay tiempo La forma en que está escrito es magnífica, y la historia, con mucho fondo, atraerá enseguida a los amantes de este género.

A.tellingconts

Varios, Libros, AgendaDecember 11, 2006 10:09 pm

Y los ganadores de los premios Nobel 2006 son:

- En la categoría de FÍSICA:
Los estadounidienses John Mather y George Smoot por:
dirigir el satélite Code y reforzar la teoría del Big Bang sobre el origen del universo.

- En la categoría de MEDICINA:
Los estadounidienses Andrew Fire y Craig Mello por:
descubrir un mecanismo fundamental para controlar el flujo de la información genética.

- En la categoría de QUÍMICA:
El estadounidiense Roger Kornberg por:
sus estudios de la base molecular de la transcripción eucariota.

- En la categoría de LITERATURA:
El truco Orhan Pamuk por:
sus escritos.

- En la categoría de ECONOMÍA:
El estadounidiense Edmund Phelps por:
por profundizar en el análisis de las compensaciones internacionales en las políticas marcoeconomicas.

y

- En la categoría de PAZ:
El bengalí Muhammad Yunus por:
crear el Banco Grameen para los pobres.

Un aplauso muy fuerte para todos ellos.

bichitis

Varios, Libros, MúsicaDecember 1, 2006 11:21 pm

Novela corta escrita por el norteamericano John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura en 1962. Es una novela maravillosa con una fuerza increíble, tanto que a veces no gusta en una primera lectura. Sin embargo la concisa descripción del entorno que rodea la acción tiene una belleza que lleva a la imaginación a olvidar que lee y pasar la novela en dinámicas imágenes. Se trata de una historia conmovedora y humana en la que Kino debe luchar contra la ciudad para seguir adelante con su familia. En su mente los sentimientos se disfrazan de música y la nacarada superficie de la Perla del Mundo le va revelando la verdad de las situaciones. Es un libro excepcional, corto e intenso.

bichitis