Varios, Apuntes filosóficos, Publicaciones, Revistas publicadas, ReflexionesMay 20, 2008 10:38 pm

La responsabilidad de los futuros ingenieros para luchar contra el cambio climático no es nada despreciable…

En estos tiempos de anuncios de catástrofes futuras, en las que apenas creemos, pues vemos todavía remotas, debemos realizar un ejercicio de reflexión sobre nuestra responsabilidad. Es verdad que algunos están hartos de oír hablar del efecto invernadero, del cambio climático y de la destrucción del planeta. Sin embargo, también es verdad que se trata de un tema que no debe acabar en el baúl de los recuerdos y por tanto siempre se ha de tener presente. Sólo podríamos dejar el asunto cuando éste estuviese resuelto y aún estamos muy lejos de conseguirlo. La responsabilidad a la que me refiero no es sólo la que incumbe a cada ciudadano, sino aquella que especialmente nos afecta a nosotros, posibles futuros ingenieros del sector de la industria. Es cierto que el papel de cada uno de nosotros parece insignificante en la construcción de una industria futura, pero si pensamos como colectivo, no es nada despreciable.

Respeto y austeridad.
El respeto se basa en no anteponer nuestros intereses económicos ante los intereses ecológicos de todos, porque nos estaríamos hipotecando a largo plazo y estaríamos afectando a algún vecino, que poco o nada tiene que ver con nuestras actividades, que destrozan la tierra a la que él también tiene derecho. Pagar por contaminar no tiene sentido, no exime de la culpa: seguro que a nadie le gusta que alguien defeque en el felpudo de su portal aunque pague por ello (además éste no deja de ser un guarro un tanto excéntrico).
La austeridad va de la mano del desarrollo. Está claro que no deseamos volver a las cavernas ni detener nuestro desarrollo pues el humano es un ser que siempre desea ir a más. Sin embargo, más allá de las reflexiones filosóficas sobre lo que es estrictamente necesario, tenemos que pensar que lo mejor no es siempre lo más impresionante, lo más potente o lo que permite a primera vista ir más lejos en nuestro desarrollo. Lo más desafiante debería ser un desarrollo duradero en sí mismo. Es posible vivir feliz y cómodamente con menos de lo que podemos alcanzar. Si a la voluntad inmediata de “poseer” anteponemos la voluntad general y a largo plazo de “sobrevivir”, entenderíamos mejor el término de austeridad. Hemos de pensar de qué podemos prescindir si queremos que tanto los humanos de ahora como las generaciones futuras puedan disponer del desarrollo que el primer mundo ha alcanzado y de una Tierra sana.

La ambición humana de crear sin límites ha de acoplarse a nuestro entorno y a la realidad de un planeta que puede decir “basta”, a la realidad de una especie que debería optar a lo mismo en todas partes y en todos los tiempos. Subordinando nuestro desarrollo a estos principios, junto con el de solidaridad con el presente y el futuro, podríamos dejar de hablar del cambio climático sin sentirnos culpables.

¡farero!

Varios, Apuntes filosóficos, Revistas publicadas, ReflexionesDecember 19, 2007 1:50 am

Simplificar siempre ha sido muy humano. Simplificamos tanto que hemos llegado hasta el límite: Hemos simplificado nuestra opinión. Ya no hay gris, todo es blanco o negro. Hay pruebas de ello: El cambio climático es o catástrofe o inexistente, el Rey es o salvador del Reino o mataindios, El Orfanato es o bodrio u obra maestra, Pilar Rubio es o diosa del olimpo o tía rara con ojos chungos… Así estamos, y así nos va. Con una clase política plenamente identificada con esta realidad social y una sociedad totalmente persuadida por los medios, no avanzamos ni retrocedemos, sólo nos quedamos contemplando el panorama a ver si un día pasa algo y podemos discutir sobre su color.

- En “El Mundo” dicen que ha sido ETA.
- Na, pero los de “El Mundo” no tienen ni idea, en “El País” dicen que han sido los islamistas.
- Ya, pero “El País” es de Prisa, y Prisa está vendida al PSOE… Son parte de la conspiración.
- Sí claro, y “El Mundo” va de por libre, ¿no? Además no hacen más que inventarse pruebas y malversar la información.

¿Cuántas veces has escuchado esta conversación? Yo cientos (y casi siempre estaba en el ajo). Sin embargo, sigo prefiriendo creerme una versión (y no me refiero al 11M, si no al noticiario en general)… Porque es mucho más fácil creer lo que te dicen que buscar en qué creer. Es más fácil decidirse por la Light o la Zero que pensar en la posibilidad de mezclarlas, y es más difícil aún el pensar en hacer la tuya propia, sin ingredientes predefinidos, ni procesos ya creados por mentes preclaras.

MetalfanN

Varios, ETSII, Apuntes filosóficos, Revistas publicadasDecember 18, 2007 10:21 am

Antes de nada, quiero recalcar que lo que escribo es mi opinión y no tiene porqué englobar al resto de “awadores”.

Sé que muchos de vosotros esperáis con ansiedad la llegada del jueves veinte de diciembre. “Me voy a pillar una cogorza… menudo chuzo…”: eso es lo que se oye a menudo. A mí, sinceramente, me provoca cierta tristeza que un grupo bastante grande de gente sólo piense en la llegada de una fiesta, para emborracharse. Muy probablemente estaréis pensando ahora que soy un imbécil, un aguafiestas, un amargado, un pedante y dejaréis de leer esto o bien lo leeréis hasta el final para convenceros de que no pensáis como yo. Creo que en mi labor está instar a todo el mundo, no sólo a delegación, a hacer una fiesta distinta.

Llamar “fiesta” a un conjunto de personas tajándose a las once de la mañana, en pleno invierno, en unas pseudopistas de tenis, es un disparate. Sería fiesta si hubiese más cosas que la hiciesen más atractiva para el que no quiere sólo “etilizarse”: proyecciones de películas, representaciones de improvisación teatral, algún conciertillo, una barbacoa, tapitas especiales para la ocasión (o comida casera hecha por nosotros), además de animar a la gente a participar más en los torneos de mus y juegos de mesa que creo se están realizando actualmente. No me refiero a cambiar la fiesta para que parezca diferente de cara al exterior y los viejos digan qué juventud más provechosa, pues eso me la pela, sino para que entre los alumnos no sólo se desee una fiesta para poder empinar el codo pero también para compartir momentos y luego recordarlos. Personalmente creo que si se bebe entre colegas con otras cosas de fondo: comiendo unas tapitas, compartiendo música, películas, torneos de cartas y otros festejos, se lo pasa uno mejor que si bebe sin más. Tampoco quiero que se reemplace la Semana Cultural, una cosa no quita la otra pues cultura puede haber en todo momento. Debemos fomentarla contra aquellos que piensan que por estar en una escuela técnica nos tenemos que olvidar de ella frente a “nuestras obligaciones” y los foros de empleo, contra aquellos que sólo buscan la cultura cuando le da créditos de libre elección.

Lo que me gustaría hacer es proponer al alumnado a preparar una fiesta en la que disfruten más y tengan más razones para ir, pudiéndola recordar por más cosas que por una borrachera como cualquier otro viernes. No estamos en el colegio, dirección no nos va a preparar la fiesta, sólo nos va a dejar hacer el botellón cuando las elecciones estén cerca, no es ninguna novedad. Así que tenemos que movilizarnos nosotros y entre todos buscar tiempo para plantear (ver si son viables) y preparar actividades para las fiestas: Sidrada y San Pepe. En tres días se puede preparar una barbacoa y un mini-concierto. Un buen comienzo sería depositar propuestas en el buzón de delegación (incluso en el de AWA), pero no penséis que ahí acaba el trabajo, también tenemos que colaborar para que salga adelante; si queremos, podemos.

J.C.

Varios, Apuntes filosóficos, Revistas publicadas 10:20 am

Las coge del cajón de la mesilla de noche de su padre y las va introduciendo una a una, sin que le tiemble el pulso. Las seis ya están dentro: cariño, ¡estás lista para la acción! Esta escena se repite no pocas veces en el país del bigmac, antes de una de las ya habituales masacres. En poco más de un año, han muerto setenta y dos personas como consecuencia de este tipo de matanzas en institutos, universidades o centros comerciales.

Tras la última oleada, se ha hablado de ello en los telediarios y los periódicos pero quizás se acostumbra a recalcar la mentalidad psicópata del asesino sin indagar lo suficiente en la raíz del asunto. Algunos dicen que es porque en ese país tiene un arma hasta Mickey Mouse, y es cierto. Se sienten muy inseguros y tienen miedo a los extraños y creen que con una pistolita van a solucionar sus problemas. Pero para eso existen los psicólogos, a los que de hecho acuden bastante. Sin embargo, me atrevería a decir que el problema no surgió por la proliferación de armas o desde la famosa masacre de Columbine en Colorado, sino hace mucho más tiempo, cuando se empezó a erigir el más sagrado tótem de los norteamericanos: Mr Dollar. En los Estados Juntitos si no tienes dinero, no sólo no puedes comprarte un descapotable para recoger a las niñas pijas del barrio, pero tampoco eres capaz de mandar a tus hijos a un colegio decente en el que les enseñen que hay salida al final del túnel. Si no tienes dinero, no eres nadie, no tienes voz, no tienes poder, si no vales no valdrás nunca y si no te ayudan, no puedes tener éxito. Lejos queda el “Sueño Americano”, lejos ese continente en el que todo era posible. Entonces, en una situación penosa surgen como solución a la desesperación, el fanatismo, “american idol” (sólo si no desentonas), el robo o la violencia. Se dice que las matanzas ocurren en gran parte por los videojuegos que influyen de manera negativa en los jóvenes. Aunque en mi opinión acusan una gran infantilidad, no engendran esa violencia sólo por las maquinitas sino también por el ejemplo que dan los adultos: en EEUU hay un hurto cada tres segundos y un asesinato cada media hora. La autoridad, tampoco predica con el ejemplo: de 2003 a 2005, la policía mató a dos mil sospechosos en huidas o bajo custodia policial. La violencia no viene tanto del imaginario como del día a día. Estos catalogados “psicópatas” se abandonan al vandalismo y posteriormente al crimen; es una forma de arremeter contra una sociedad que ofrece pocas perspectivas de futuro. Ello les vuelve probablemente más seguros y se creen más fuertes. Llevar y usar un arma les hace perder el miedo a ser un fracasado: “Si soy una mierda ahora, ¡lo seré para siempre!”, dicen en Bowling for Columbine (película de Michael Moore sobre el asunto en cuestión, que recomiendo ver). El chaval que el pasado cinco de diciembre mató a ocho personas en un centro comercial y luego se suicidó, debía de pensar eso, puesto que en su último adiós confesó: “ahora voy a hacerme famoso”. Estos jóvenes ven la masacre colectiva como el mejor final para una vida desastrosa, pues si lo único que haces es suicidarte, no saldrás en los telediarios, lo que demuestra que necesitan hacerse notar porque no se les hace caso, no se resuelven sus problemas ni se les enseña a afrontarlos.

Prohibiendo las armas, se solucionaría parte de la cuestión pero, lejos de considerarlo un éxito, seguirían sin arreglo las carencias que lo provocan. El tema ha de estar en la calle y en los medios, para que los ciudadanos (ya no cuento con los políticos) hagan lo posible por evitar que estos chicos se encuentren en dichas situaciones, fomentando la comunicación con ellos y enseñándoles que lo que de verdad vale en la vida no cuesta dinero. Hace poco, se perpetró una masacre en Finlandia con características parecidas a las de los EEUU, lo cual nos debería hacer estar alerta. En España, aunque parezcan hechos aislados, tienden a ser más comunes los suicidios de jóvenes por las mismas razones y cada vez es más común ver peleas y destrozos (sin reivindicación) por las calles: un claro síntoma de que la juventud necesita hacerse notar en un país en el que la media de edad es de cuarenta años. Por suerte o por desgracia, todavía nos conformamos con Gran Hermano para ser famosos.

Méjico Lamela

Varios, Apuntes filosóficos, Revistas publicadasOctober 21, 2007 9:00 pm

Odio que la convivencia en la ciudad se vuelva un acto imposible, que el día a día en la calle sea desagradable. Odio que en tu propia casa, el a menudo desconocido vecino taladre la pared a deshoras perturbando tus horas de sueño. Detesto empezar mal las mañanas perdiendo un metro, aún más si no he podido alcanzarlo porque la gente no te deja pasar. No soporto que alguien ponga a tope su música en el interior del vagón, impidiendo que me concentre para leer o para escuchar mi discreta música. Odio que la gente intente entrar en el vagón antes de que los demás salgan, para posar sus grasos traseros sobre asientos libres, reservados para ancianos, lisiados y embarazadas, ocupando además el doble de espacio por atiborrarse a comida basura todos los días de su mezquina y sedentaria vida. Detesto que me empujen y pisen sin razón y además no pidan perdón. Me crispa la incomprensión, la intolerancia y la ignorancia, la idea de creerse mejor que algo que no conoces, de no intentar ver las cosas desde todos los puntos de vista posibles. Odio que no dejen hablar o interrumpan mientras alguien habla, pues una frase o un discurso sólo tienen el sentido deseado si se expresan en su totalidad: quien hace más ruido hablando no debería ser el que habla más alto sino el que habla mejor. No soporto las injusticias del que puede hablar más alto, pero no mejor. Odio el insulto infundado, el agravio sin razón y los argumentos ilógicos con propósitos degradantes. Siento asco por lo innoble y todo lo que se basa en un engaño del prójimo, en la mentira o maquillaje de la realidad. Odio la “telebasura” y la publicidad engañosa que embotan la mente e inducen a un consumismo exacerbado. Odio los negocios sucios. Odio que los medios sólo muestren la realidad que ellos desean. Detesto la hipocresía y el cinismo, evitar decir lo que uno piensa sin dejar de ser respetuoso. Odio la insolidaridad y la indiferencia hacia el sufrimiento. Odio la inmoralidad, estando la moralidad basada únicamente en la lógica, la razón y los derechos fundamentales. No soporto que alguien piense que lo que aquí se dice, es falso o pura palabrería. Me odio a mí mismo cuando infrinjo mis principios, cuando hago lo que odio, pero me odio aún más si no intento cambiarlo.

Azîm

Varios, Relatos, Apuntes filosóficosJanuary 7, 2007 11:39 am

Supongo que estas líneas podrían escribirlas un millar de personas, y l@s destinatarios serían otro millar distinto… pero en este caso el que escribe soy yo, así que no dudes más, porque la destinataria eres tú.

Si alguien espera encontrar un conclusión, un mensaje o una reflexión al final de este artículo posiblemente se vea decepcionado, porque no es el caso… lo que me gustaría hacer es un esbozo lo más sencillo posible de la sensación más compleja que existe. Y como esto puede parecer ua incoherencia, de antemano digo que estos pequeños párrafos no se acercarán ni de lejos a su objetivo, es demasiado complejo… como un amigo me dijo es como “intentar dibujar sobre el agua”. Pero aún así pondré todo mi empeño en lo que ahora me ocupa.

Y no puedo esperar mucho para empezar a escribir… porque en las sensaciones no se piensa, no se recuerda, no se reflexiona… porque entonces pierden su grandeza, porque entonces no las tendrás en tu mente en toda su mgnitud… las sensaciones se sienten. ¿Parece obvio no? Hay amigo, pues intenta describir alguna, no hace falta que sea escrito… y verás que la forma más “sencilla” es en un momento en que dicha sensación te inunde por completo. Y hoy, ahora, como en muchos otros increíbles momentos… es mi caso.

Espero que ya sepas lo que quiero decir, lo que intento escribir… porque leídas de esa manera estas líneas serán mucho más fácil de escribir… porque no estoy escribiendo como otras veces una opinión o una crítica para un público generalizado… sino que ahora escribo por y para una persona, por y para ti.

Y como otras veces he dicho, no quiero que esto parezcan frases que se puede llevar el viento, porque te aseguro que es una de las bases sobre las que me sustento, así que en caso de que estas líneas volaran, desaparecieran o carecieran de sentido, yo iría con ellas.

Se me empiezan a acabar las líneas que escribir, pero no así las cosas que decir. Pero no sé cómo decirlas. Pero si sé que quiero hacerlo, así que quizás, una vez introducido el tema, espere a tenerte delante, otra vez, y no me deje ni una sola de las ideas que rondan mi cabeza… que te las suelte tal y como están ahí, desordenadas, espontáneas, y sobre todo… vivas. Sonando alto y claro y no dejando espacio para nada más…

Así que, la próxima vez, de viva voz… posiblemente me ponga a hablar y no pare. No sé cuánto tardaré… pero no hay prisa, y menos para intentar con palabras acompañar a la idea fundamental… porque es una de esas cosas para las que merece la pena parar el reloj… porque siempre habrá tiempo para ello, y porque créeme que me lo tomaré, que lo robaré de donde sea necesario, para decir un sincero “te quiero”.

Zapito

Varios, Apuntes filosóficosDecember 17, 2006 4:40 pm

No te lo vas a creer, me dijeron, ¡unos fanáticos religiosos están sueltos por la Escuela! Increíble, pensé yo, así que bolígrafo en mano salí raudo y veloz hacia la cafetería esperando encontrar un espectáculo dantesco. Qué decepción, ni rastro de turbantes ni de cachimbas ni de cánticos en las mesas, tan sólo había gritos de los que esperaban su bocadillo y caras de odio de los que hacían cola para sentarse a comer. Decidí entonces buscar en reprografía, tal vez estuviesen fotocopiando octavillas que llamasen a la guerra santa pero, nada, todo el mundo iba calzado y ninguno de ellos estaba de rodillas clamando venganza contra el infiel que siempre acapara la fotocopiadora. Desesperado, salí a la calle esperanzado encontrar el pelele de algún politicucho de tres al cuarto ardiendo en la cúpula de la Escuela. Ni por esas. Con tanta decepción lo mejor era estudiar un rato, por fin, y deprimirme aún más.

De camino a la biblioteca, un momento, había cierto revuelo al lado de una mesa. Esto me recordó a esas imágenes que vi por televisión hace un tiempo en el que un grupo de exaltados se ponían a liarla gorda porque unos periodistas habían hecho un retrato de su profeta. Nada más lejos de la realidad, ellos pedían que se retirase la foto de su profeta pero, en este caso no eran barbudos, ¡ni olían raro! Ciertamente, con más de uno me había cruzado alguna vez. No me creía que estos fuesen los fanáticos que andaba buscando. Me introduje entre ellos.

Con la energía y vigor que caracteriza a muchas mentes de bien pidieron que se retirase un cartel inmoral, ¡acusaban a varios políticos y al mismísimo Papa de promover la homofobia! Menos mal que entonces llamaron a un juez imparcial, un destacado miembro directivo de nuestro centro. Sin duda, decisión más salomónica no pudo haber tenido lugar: retirada inmediata del cartel.

¿Ya está? ¿Eso era todo? Es decir, mayor justicia no era posible pero, ¿acaso no podían haberles humillado, que sé yo, exponiéndoles desnudos en la Sala de la Máquina durante uno o dos de los desayunos de rigor?

El caso es que me acerqué a leer los carteles, un tanto contra natura todos ellos, y observé que regalaban lubricante y preservativos por algo del día del SIDA. Una amiga y yo, amablemente, les pedimos que nos diesen toda la información posible y, una vez con ella, salimos corriendo para tirarla en la papelera de al lado de la Capilla. Jajaja, eso sí que no se lo esperaban.

De todos modos, me alegró saber que desde cierta parte de la dirección de esta, nuestra Escuela, se vigilasen los derechos de libertad de expresión, de libertad sexual de los alumnos y lo que es más importante, no se aceptase que el amor fuese desparramado en gomitas que bien podrían ser utilizadas para inflar globitos con forma de estrella en la próxima fiesta de la Escuela.

Menudo Pollo Pera

Nota: al igual que cualquier asociación, tenéis vuestro derecho a existir; claro que, también, esperamos que en próximas juntas seáis equiparados en derechos al resto de asociaciones, empezando por contar con un local acorde a vuestros propósitos. Al fin y al cabo, si dIOS es omnipresente, dudo que le importe mucho que le recéis en el tercer piso, al lado del baño de las chicas, como lo hacemos todos, y no en una Capilla que bien podría ser empleada para, que sé yo, albergar una biblioteca con textos de diferentes religiones, pensadores, filósofos… Claro que si eso no os satisface, una ampliación de la cafetería o una nueva sala de ordenadores no estaría nada mal tampoco.

Varios, Apuntes filosóficos, Publicaciones, Revistas publicadasDecember 2, 2006 11:25 am

A lo largo de muchos años de nuestra vida el futuro parece querer saltar al presente, tomar importancia antes de tiempo, hacernos preguntas, hacernos pensar en él antes de que llegue su momento.
La primera vez que llega este momento es pronto, muy pronto. Tan pronto que nuestra mente aún no abarca la profundidad de la pregunta… “¿Qué quieres ser de mayor?” Y es una de las respuestas más sincera que dicha pregunta recibirá a lo largo de su vida: Yo quiero ser… ¡Superman! ¡Princesa! ¡Peter Pan! ¡La Sirenita! Tenemos grandes ambiciones, y será un intenso sueño que nos hará disfrutar, esperando a que llegue el momento de volar o calzarnos un zapato de cristal.
Pero crecemos, claro, futuros más cercanos irrumpen en nuestras vidas… “¿Qué quieres ser de mayor?” – nos preguntan de nuevo. Ya somos más avispados, y sabemos que por desgracia, nunca llegaremos a volar, no como el de la capa roja al menos. Y nuestra respuesta cambia… ¡Jugador de fútbol! ¡Actriz! ¡Modelo! Hemos bajado un escalón, de la ficción bajamos a una pseudo – realidad que algunos pocos llegarán a habitar. Aunque luego nos damos cuenta que, en el fondo, quizás tampoco es eso lo que deseamos.

bruce lee

Y entonces llega un momento muy importante en nuestra vida, la pregunta cambia… “Qué quieres estudiar?” ¿Estudiar? No perdone, lo que yo quiero es SER, no estudiar. Pero no, no podemos simplemente ser, hay que aprender a ser. Y poco a poco nos van guiando hacia esa profesión que en un futuro será la nuestra… Arquitecto, profesor, psicólogo, médico, ingeniero… (que sí, que sí, que llegará) y más o menos tenemos claros nuestros siguientes pasos, pues tenemos una meta a la que ir… ese papel que te darán al final, y que alguien firmará acreditando que por fin puedes SER.
¡Ah amigos míos! ¿Y en ese momento? ¿Cuándo ya lo seas? ¿Dónde irás? ¿Cuál es el siguiente paso? Porque, en ese momento, de nuevo, la pregunta habrá cambiado, y no será ¿en qué quieres trabajar?… no, la pregunta la harás tú… “¿dónde puedo trabajar?” y llegado ese momento habrá que decidir dónde preguntar… ¡Ay! ¡Que lío! Llegará un momento en que SEREMOS, pero no nos agobiemos. Ya llegará la pregunta, como llegaron las otras… y ya responderemos, así, que de momento, no pretendamos tan sólo llegar a ser, SEAMOS, pues aunque no nos firmaron nunca un papel para ello, nunca debemos dejar de ser NOSOTROS MISMOS.

A.tellingconts

Varios, Apuntes filosóficosOctober 29, 2006 9:04 am

En este apartado pretendemos resolver el enigma que a todos empieza a inquietarnos por estas fechas: ¿Cuándo nos mojamos más bajo la lluvia, cuando nos movemos o cuando estamos quietos? Para resolverlo voy a aplicar conocimientos básicos de física.
Empezaré aclarando ciertas hipótesis de partida. La hipótesis de cuantificación del agua nos dice que en cada diferencial de volumen de lluvia hay un cierto número de gotas de agua de densidad ρ, y cada una representa una masa de agua k. Por tanto la masa de líquido que impacta sobre el objeto es dm = kρdV, válido si el agua cae formando un ángulo de 0º con la vertical. Por otra parte vamos a suponer que todos los seres humanos somos comparables al Cubomán de la figura.
Ahora estudiamos los dos casos que a nos preocupan:

a) Caso de que nos quedemos quietos: Las gotas de agua caen con velocidad límite:
mů + bu = mg –> v = mg/b
representando b un coeficiente de fricción dependiente de la velocidad.
Puesto que sólo me mojo por arriba: dV = a2mg/b dt
y la cantidad de agua recogida será: dα = kρa2mg/b dt

b) Caso de que nos movamos: Ahora además de por las gotas que caen sobre nosotros, nos mojaremos con las gotas que caen sobre la dirección hacia la que nos movemos con velocidad v (impactarían sobre la cara a-b de Cubomán). Por tanto, la cantidad de agua que caería sobre nosotros, cubomanes latentes, es:
dV = a2mg/b dt + Lav dt –> dα = kρa ( amg/b + Lv) dt
Con lo que comprobamos que cuando nos movemos, nos mojamos más.

A la vista de este resultado Cubomán se pregunta: “¿Entonces por qué la gente corre cuando llueve? ¿Será que la gente es tonta?” Ésto me hizo pensar y replantearme la cuestión desde el principio:
Supongamos que debemos ir de un punto A a otro punto B bajo la lluvia. ¿A qué velocidad debemos ir para mojarnos lo menos posible? Sabemos que el tiempo es igual al desplazamiento entre la velocidad, por lo que resolvemos la ecuación diferencial:
dα = kρa (amg/b + Lv) dt –> α = kρa (amg/b + Lv) x/v
Inspeccionemos la función α(v) para ver cuando es mínima:
Si v → 0 –> α(v) → ∞
Si v → ∞ –> α(v) → kρaxL
En la gráfica vemos que cuanto mayor es la velocidad menos me mojaré para ir de un sitio a otro. (¡Corre, Cubomán, corre!) Lógicamente aunque siempre que nos movamos nos mojaremos un α = kρaxL adicional, si nos quedamos quietos nos mojaremos infinitamente.
Ahora, para seguir pensando, podemos preguntarnos qué es lo que falla para que aunque Cubomán lleve paraguas termine mojado igual. Luego elaboraremos la Teoría del Paraguas Perfecto (TPP) y montaremos una empresa productora de éstos. Personalmente, yo lo agradecería.

bichitis

Varios, Apuntes filosóficosJanuary 16, 2006 10:24 pm

¡Qué pequeños resultan nuestras aspiraciones de pequeños graduados al ser introducidos en el nuevo mundo universitario! ¡Qué ilusas nuestras esperanzas e ideas!
Recordemos todos juntos esos primeros días en los que, con una sonrisa dibujada en el rostro, creíamos que al atravesar las puestas de la facultad – no, escuela, que suena más serio – se nos trataría como verdaderos adultos, se nos escucharía con interés y se tendrían en cuenta nuestras inquietudes y así escaparíamos por fin de ese infierno colegial en el que una mujer adusta te señalaba con un dedo acusador mientras clamaba que llamaría a tus padres para comunicarles tus ultrajes contra el sistema educativo. Recordemos ahora la depresión en la que nos sumimos al descubrir que se nos había engañado y se nos había enviado a un mundo en el que, viciados por su poder, hombres y mujeres tomaban las riendas de nuestro futuro sin proporcionarnos ayuda y regodeándose en nuestro fracaso.
Pero dejemos atrás las palabras bonitas y las desilusiones y hablemos de injusticias específicas, de inventos y de dibujo técnico (o, si lo preferís, expresión gráfica). Evitaremos, por supuesto, nombres, hablando así de una persona anónima que, aspirando aprobar dicha asignatura, se enteró algo tarde de este nuevo sistema implantado basado en exposiciones, tests, exámenes y trabajo, mucho trabajo. Siendo así, se acercó con miedo al departamento, intentando conseguir un lugar en los grupos asignados, recibiendo tan sólo un rápido y brusco “es muy tarde”. Dicha persona, habiéndose enterado de que habían admitido a alguien la semana siguiente, decidió acercarse de nuevo, recibiendo, otra vez, negativas, malos tonos y miradas tachándola de irresponsable. La historia continúa, acabando con un último intento frustrado de acceder al sistema, siendo rechazado con un rotundo no. Nuestro querido protagonista decidió resignarse, incluso admitir su responsabilidad hasta que, semanas después, a mitad de noviembre, recibió de fuentes fidedignas la noticia de que alguien había sido incluido en los codiciados grupos en dichas fechas.
¿Qué hacer?, se preguntarán. ¿Acusar al profesorado para no recibir nada a cambio y arriesgarse a poner su nombre en la lista negra de una asignatura tan subjetiva o sencillamente resignarse a esperar aprobar en febrero su examen? Queda de más decir que, por supuesto, la segunda.
¡Qué inocentes éramos y qué rápido dejamos de serlo! Y luego esperan que tengamos fe en el sistema…

Colaboración enviada por “AI”