Ser Alumno de Nuevo Ingreso: ¿tarea fácil?
¡Ya terminaron las tardes de piscina, playa y calor! Y con ello, también mi primer verano repleto de libros y apuntes, de días que empiezan a las 8 de la mañana y de dolores de cabeza. Y, de nuevo, comenzamos otro nuevo año en la Escuela, en la que ya NO soy tachada de “novata” o de “ilusa”. Mi segundo año aquí va a ser muy distinto.
Ya ningún desconocido alumno de cuarto año me va a parar en medio del pasillo para decirme que aún estoy a tiempo de abandonar; ningún alumno repetidor me va a dejar claro que da igual lo mucho que estudie, porque las probabilidades de aprobar son prácticamente las mismas; y no voy a maldecir a mi padre por tener un apellido que empiece por “R”, que me arrastre en mi primer año al turno de tarde.
Todo eso ya no me importa. Ya sé de primera mano que abandonar es el camino mas fácil, y que una vez has pasado tu primer año en la ETSII, no es fácil separarse de ella, de su cafetería, de su “piscina”, de su biblioteca (que nunca volverá a ser la misma), de su césped con perros tan feos como ratas, de sus gentes (de las de mi clase, las de los turnos de tarde, incluso los de mañana, de los repetidores, y por supuesto, de la gente de AWA, que me dan la oportunidad de escribir aquí, y estar con ellos otro año más), y de los profesores y sus clases, en las que me lo he pasado más bien que mal, (porque también los industriales pasamos las horas muertas cantando canciones de Disney, aprovechando que estamos en la última fila).
He descubierto por mi misma que aquí, “estudiar” no es “aprobar”; que confiarse es peligroso, y que lo mejor es aspirar alto, aunque la caída sea grande. ¡Y que el turno de tarde es bueno! Aunque de nuevo se vuelven a ver folios por las paredes de la escuela con un simpático mensaje con el mismo molde: “Cambio turno de mañana por el de tarde. Yo tengo el de tarde”, y un montón de números de teléfono sin arrancar.
Y aprovechando que he abandonado mi condición de novata, solo me queda decirles una cosa a los pobres alumnos de nuevo ingreso, a los que vi entrar hace poco en el salón de actos para escuchar esa charla que te hace sentir parte de la universidad, con la que se te abren mil puertas de ilusión y capacidad para afrontar esta carrera; a los que vi como salían corriendo a coger sus sobres enormes, pensando que su 9,2 de media en Bachillerato es la mayor ventaja frente al resto, y que su nota en selectividad (el chico no llegó al 8, pero porque no quiso), le aporta confianza; a los que vi que, en los sucesivos días, venían a ver el edificio que tanto les gustaba, situado en la Castellana, memorizando el camino para no perderse por las plantas no comunicadas. ¡Pobres ilusos! Aún no saben que estarán más tiempo en este sitio que en su propia casa. Marchaos antes de que sea demasiado tarde.
Por κεяµzσ
