A los lémures y demás insomnes.

Vivo de Madrugada,
Cuando la línea delgada
Entre el sueño y la vigilia se torna difusa,
Y cuando como por ciencia infusa,
Las embrolladas madejas de la mente
Parecen ordenarse de repente.
Es la hora del ferviente
Buscador del soplo de la musa,
En el beso ardiente
De los licores de alma oclusa.

¡Cri-cri! Cantan los grillos
Mientras la ciudad duerme,
¡Cri-cri! Resuenan sus monocordes estribillos
Por las calles de la ciudad inerme.
¡No! La ciudad no descansa de veras
Mientras yo permanezca en vela,
Mientras mantenga abierta la cancela
De mis ojos, sobre los que se acumulan las ojeras.

Sé tú, Luna,
El callado testigo
De mi errática fortuna.
Ensuélveme en ese abrigo
De destellos de plata pura
Que dan un alma a la superficie dura
Del hormigón y el asfalto.
Luna, déjame vivir falto
De descanso, pero no de sueños,
Permite que vean la gloria todos mis empeños.

Y cuando llega Aurora,
Esa de rosados dedos
Que cantaron los antiguos aedos,
Comprendo que ha llegado la hora
De dormir.
Despunta ya el alba,
Inundando el cielo de reflejos malva.
¡Qué hermoso es el día
Tras una noche en blanco!

Por: El Exiliado del Mitreo