Una playa larga, como una alfombra, a la derecha el mar que rompe suavemente, las dunas a la izquierda y a diez metros de la orilla, un piano de cola que suena sin necesidad de pianista: es lo que Lucía recuerda de aquel momento. La melodía del piano es tan agradable que estremece las cuerdas de su corazón y provoca en su cabeza un tintineo de ensueño.
Ahora siente la arena húmeda bajo sus pies y la brisa en sus cabellos. Sonríe y corre debido a un impulso inexplicable. Está desnuda. Un punto negro en el horizonte va tomando forma de piano de cola. En cuanto llega a él, se tropieza con algo en el suelo. Es el pianista pues lleva pajarita, pero solamente una pajarita. No tengas miedo Lucía, el piano toca solo, mientras, yo descanso. En efecto, sonaba aquella melodía que surgía del piano en forma de bellos pájaros, hacia el cielo, hacia las nubes. Descansa, Lucía.
Lucía despierta entre sábanas y arena con el canto de las aves. Mientras, el pianista esconde la pajarita en sus calzoncillos. Despierta, Lucía, despierta.
farero
