Varios, ETSII, Revistas publicadas, ReflexionesFebruary 27, 2009 12:47 pm

¿Qué hace una capilla en medio de una Escuela de Ingenieros Industriales? ¿Cómo puede, en pleno siglo XXI haber un lugar para el culto a Dios? ¿Qué pasa con el principio de igualdad religiosa que defiende la Constitución? ¿Y los Musulmanes? ¿Y los Judíos? ¿Por qué solo los Católicos tienen su lugar de oración?

Miren señores, siento mucho que haya gente que no aguante que algunas personas, todavía, en “pleno siglo XXI” sigan creyendo en Dios, y que el ir a Misa, tener un lugar para rezar y para el recogimiento lees suponga una ayuda en su vida cotidiana, pero como, a pesar de lo que muchos dicen, esto es parte del principio de libertad religiosa. Me parece muy bien que haya distintas asociaciones, ya que todas aportan su granito de arena en la cultura de esta Escuela, pero si pensáis que el Club de Rol, el Club de Cine, la Asociación Cultural o la Asociación Deportiva son importantes (que en mi opinión SÍ lo son) no tenéis derecho a decir que la Capilla no aporta nada a la Escuela, porque sí lo hace. Quizás para algunos de ustedes no, porque no son creyentes o porque no frecuentan la Capilla, pero para otras personas si que sirve de apoyo y de ayuda, igual que para algunos alumnos tener un sitio para jugar a las Magic o ver películas de buen cine, cosa que entiendo perfectamente.

No entiendo esa lucha de los no creyentes para erradicar cualquier símbolo de religiosidad dentro de la Escuela y de la sociedad, ya que va contra la tolerancia de la que muchos son firmes defensores y contra la Constitución: SÍ, señoras y señores, alumnos y alumnas, no es anticonstitucional que exista una Capilla que lleva los mismos años que la misma Escuela, y si no me creen por favor acudan a cualquier base de datos o a la misma red de redes y lean innumerables sentencias del Tribunal Constitucional sobre casos de libertad religiosa. Estudien un poco de materias que no sean únicamente técnicas, infórmense, y después, solo después, opinen sobre la constitucionalidad de la Capilla, porque luego clamamos contra el cielo si algún abogado se digna a opinar sobre cuestiones técnicas, ya que no son Excelentísimos Alumnos de Nuestra Escuela. Igual que un abogado no opina sobre la teoría de la relatividad sin haberse informado, y nos causa risa que la niegue solo por no entenderla, nosotros no podemos opinar sobre materias jurídicas sin saber nada excepto demagogia para estúpidos y borregos. La existencia de una Capilla no solo no va en contra de la libertad religiosa, sino que la favorece, pues los Católicos tienen la oportunidad de practicar su fe, y es obligación del Estado facilitar eso a los ciudadanos, y la Escuela es un Organismo Público que tiene esas mismas obligaciones, por lo que quitar la Capilla actuaría contra la libertad religiosa.

¿Qué a muchos no les gusta? No tienen porque ir a: todavía no he visto a ningún “fanático” obligar a nadie a ir a Misa en la Capilla, ni arrastrarle por los pelos contra su voluntad. ¿Qué no hay espacio en la Escuela? Señoras y señores, no me hagan reír, por favor… ¿Cuánto espacio inutilizado hay en la Escuela, en mil departamentos llenos de aparatos que hace siglos que nadie enciende ni utiliza, en el frontón, y en otros muchos sitios?

Queda la pregunta y el interrogante de qué pasa con el resto de confesiones: pues bien, aquí está mi propuesta, que los distintos creyentes de cualquier otra religión hagan una Asociación en la Escuela (como la que han hecho algunos alumnos Católicos) y entonces soliciten un espacio en la zona de la capilla para su confesión. En Periodismo ya hay algo así, y los que frecuentan la Capilla (o como lo llamen en esa universidad) no recuerdan haber visto ni un solo día a un Musulmán rezando hacia la Meca en la zona para ello habilitada, pero me parece muy bien que si hay alguien que lo solicite, que estoy seguro de que en la Capilla estarán encantados de ofrecérselo, porque al fin y al cabo rezar no viene mal nunca, y da igual que reces a Alá, a Yahvé o a Jesús.

Igual me he extendido demasiado, pero quiero concluir diciendo que no podéis menospreciar a alguien porque sea creyente, ya que, aunque no os lo parezca, para ellos, para nosotros, tiene mucho sentido, y nosotros no criticamos a nadie porque no crean en Dios… Así que por favor menos propuestas de recoger firmas para cerrar la Capilla y más firmas para que se aprueben unos buenos planes de estudios, que eso si que son necesarios. Si os queréis involucrar en la Escuela que no sea porque os de rabia el que haya gente que “en pleno siglo XXI” crea en Dios.

EMEGE

Varios, Relatos, Revistas publicadasFebruary 25, 2009 2:52 pm

Xotlan no sabría decir en aquel momento si las piernas le temblaban por la emoción o por lo fría que estaba la roca labrada que tenía a su espalda. Pero, de lo que no cabía duda alguna, es de que él había sido el ganador indiscutible aquella mañana. De entre todos los jóvenes de la ciudad, él había sido el primero en capturar un ave sagrada, un quetzal. Su mente bullía como un caldero de chocolatl hirviendo, con las imágenes de aquel glorioso día.

Con destreza se había ceñido su maxtlat y había anudado las correas de las sandalias, para que su carrera fuera veloz como el aleteo de un frenético pochtli. Al clarear, cuando el sacerdote y sus acólitos dieron la salida, él corrió como los demás a adentrarse en la selva.

Había brincado por entre las lianas y los troncos caídos, esquivando las ramas bajas y las criaturas venenosas, poniendo en fuga a tapires y a jaguares con su alborozo.

Entonces, oyó la llamada, y majestuoso lo vio pasar, por entre las copas de los árboles, engalanado con sus plumas esmeralda y rubí, tapando tan solo un instante el sol que se infiltraba por entre el follaje.

Con toda su habilidad había trepado al árbol y con mucho sigilo y paciencia infinita había capturado al animal, poniendo especial cuidado en no dañar su delicado plumaje.

Como le temblaban las manos cuando el sacerdote le concedió el honor de arrancar él mismo las largas plumas de la cola del Quetzal, para adornar con ellas la corona del soberano.

Como le había llenado de orgullo, de júbilo, de éxtasis, la bebida sagrada. Un mundo divino se había derramado en su cabeza a la par que vaciaba la el cuenco de jade que el tlamatini, el sacerdote, le había tendido. Xotlan no dejaba de pensar en lo grande que había sido este día y en su cabeza no dejaba de rememorar todas las escenas de la cacería sagrada. Las imágenes se dilataban y deformaban cada vez más, los dioses se le aparecían y se integraban en su ensueño, y él estaba encantado de que los dioses se hubiesen fijado en él y le hubiesen otorgado su favor.

Un acólito le ayudó a tumbarse sobre la gran mesa de piedra labrada. Se había estremecido por el contacto de su piel desnuda la roca fría. Con los ojillos entrecerrados y riéndose por el efecto del peyolt, había observado, curioso y divertido, como el sacerdote sacrificador había hendido su pecho con un cuchillo de obsidiana. Aún se reía cuando el sacerdote extrajo de su pecho el corazón palpitante para levantarlo hacia el cielo. Tenía una amplia sonrisa dibujada en su rostro cuando los sacerdotes destripadores de Xipe Topec, el dios del renacimiento, vaciaron su cuerpo para que el soberano pudiera envolverse con él.

Moctezuma II, emperador de los mexicas, con la piel aún caliente del sacrificado, con la sangre que corría a ríos por su cuerpo, aún estaba inquieto. Los sueños horribles, sueños que no cesaban de repetírsele noche tras noche, y que prácticamente ya no le dejaban dormir. Sueños sobre el advenimiento de Quetzalcoatl y sobre la destrucción de su pueblo. Sin duda muchas cosas iban a cambiar en Tenochtitlan.

Por: El Exiliado del Mitreo