La verdad es que ya no recuerdo qué fue aquello que dijiste que me hinchó tanto las pelotas. Tal vez fuese una tontería o tal vez fuese algo que callaste, por hacerme eso que te gustaba tanto de recordármelo después, al menor error, con segundos y minutos, horas y días y una sonrisa de estúpida satisfacción. Hace años que no pienso en ti, pero me gustaba acordarme de lo que dijiste (o no dijiste), tal vez para saber cómo eras realmente, para reírme a gusto a tu costa o para levantar la copa con gesto nostálgico en señal de por aquellos tiempos, que no volverán. Y me jode haberme olvidado porque ya no podré contar aquellas anécdotas con las que el personal me daba la razón o porque tal vez ya solo me queden tus buenos recuerdos, cosa que tampoco es justa. Espero que, si algún día lees esto, que lo dudo, lo imprimas
y con un imán lo pegues
a tu nevera
y que se te corte la leche
y te la bebas
y por fin sepas
a qué coño sabe
lo que dices
y lo que callas.
Le Bon Vivant
