Para Maxús
Las ligeras cortinas sedosas
mecidas por la brisa marina,
impúdicas, se agitan, y ociosas
a la agónica luz ambarina
de mil atardeceres iguales.
El sombrío diván de estriado
cuero, acoge sueños inmortales,
sin tiempo, fin, ni significado.
Los ojos, velados por la niebla,
sin ver miran, como estupefactos,
en los muros, los gloriosos actos,
de héroes envueltos por la tiniebla
del tiempo y del olvido absoluto.
No habrá más lágrimas, no más luto,
tan solo un atardecer eterno,
de eternos sueños opalescentes,
libre de las penas del infierno
y también de las tediosas fuentes
del cielo, demasiado límpidas
para el que ha vagado por perdidas
sendas, hoyadas por esos pocos,
quizá suficientemente locos,
para cerrar los ojos y soñar.
Plegaria:
Pido a los dioses que de este sueño
Del loto nunca vuelva a despertar,
Y mi mente vague así sin dueño
Por toda la eternidad.
Por: El Exiliado del Mitreo
