Varios, ETSII, Publicaciones, Revistas publicadasOctober 27, 2008 7:49 pm

Algunos delegados creen que no se aprecia lo suficiente su trabajo. Por lo que he oído en boca de muchos alumnos, tengo la impresión contraria: piensan que realizan una buena labor y que dedicar su tiempo libre a los asuntos de todos es algo admirable. Estoy muy de acuerdo con ello.

Ahora bien, mi opinión es que debería seguir siendo un trabajo altruista y que los delegados no deberían tener una recompensa “material” por ello. La satisfacción del deber cumplido debería ser suficiente. “No, es que con el incentivo, todos se implicarán más…” El argumento de darle una zanahoria al burro “pá que ande” nunca me ha convencido. Además, me gustaría saber quién efectuaría los controles para ver si los delegados trabajan. ¿Los llevarán a cabo los propios delegados?

Sin embargo, de existir un deseo generalizado de recompensarles con créditos, se debería debatir sobre el tema y llevarse a votación entre el alumnado; no me parece bien que se trate de una propuesta de los delegados, para los delegados y votada por los delegados. Respeto las opiniones ajenas, pero al existir una posible división de pareceres, propongo que se vote y que se respete el resultado de las urnas.

Confío en los delegados y creo que trabajan bien; no hace falta darles créditos para que rindan más porque ya lo hacen a un alto nivel, ¿o no es así? De darse dichos créditos, los alumnos serán más críticos con los delegados y su nivel de confianza bajará. Sin los créditos, sé que quien está ahí es porque quiere de verdad y se moja por los demás.

J.C.

Varios, Apuntes filosóficos, Publicaciones, ReflexionesOctober 18, 2008 3:39 pm

¡Joder, han vuelto a cortar la calle! Todo está preparado: las luces, las vallas protectoras, las cámaras, la alfombra (claro) y los infatigables fans. Es una fiesta de purpurina y brillantina en el local de moda de la ciudad. Una inundación de lo “fashion” que obliga a renovar el armario que rebosaba ya de prendas nuevas.
Van llegando los coches impresionantes, los descapotables, las limusinas en las que rebotan los miles de “flashes”. Los adeptos a la ceremonia gritan al unísono con un chillido que sólo agrada a las estrellas.
Bajan de sus carros, embellecidos por capas de química y petróleo. El oro negro de sus caras les da un brillo especial y sus dientes parecen conchas pulidas por el mismo mar que, junto con la mala vida, cuarteó sus pieles antes de ser arregladas por Mr. Bottox. Estatuas vivientes, imágenes de culto, belleza embotada que aplaca las frustraciones de los fieles que acuden al espectáculo con sus estúpidos ritos. Su medicina diaria son las sonrisas y reverencias, las sesiones de fotografías y los litros de tinta desechada en inútiles estampitas recordatorias.

Es sin embargo una iglesia que se mantiene por sus fieles, como debería ocurrir en todas partes. Ellos se ocupan de que sus santas tengan más tetas y menos arrugas y sus santos más músculo y menos canas. Ellos se ocupan de que vivan en palacios de oro y de mantener sus ridículos despilfarros. Sin embargo, cuando creen que alguno de sus antiguos semidioses está algo fuera de lugar, le hunden en la miseria y le hacen desaparecer de su iglesia. Tanto aclaman a alguien como lo destripan. Realmente, es lo más justo de esta religión, que eliges a los que adoras.

Me pregunto si de verdad merece la pena construir todo esto para luego destruirlo: amar algo tan efímero y superficial que no tiene poder para mantenerse en pie por sí mismo. Si sirve de algo dedicar tanto tiempo y esfuerzo a ídolos tan vacíos por dentro.
Creo que en el fondo sucede como con una piñata, que contemplas boquiabierto y que necesitas romper en mil pedazos para conseguir todas las esperanzas que habías depositado en ella. La desmitificas y sonríes: has ganado la partida, eres más fuerte que ella. Catarsis.

Es posible que lo único bello de este artificio sea la lluvia de estrellas, más bien la caída de éstas, la decrepitud de unos seres que se han aprovechado de las mentes acomplejadas de los otros o bien han sido demasiado inocentes como para pensar que sus adoradores les aguantarían toda la vida en un firmamento de cuento.

farero

VariosOctober 11, 2008 1:37 pm

La definición diría que son formas de interacción social en sistemas abiertos y en construcción permanente que involucra a conjuntos que se identifican en las mismas necesidades y problemáticas y que se organizan para potenciar sus recursos. Interesante definición si estamos hablando del Facebook, el MySpace, o el Tuenti.

Sorprende la popularidad que han alcanzado estos sitios y las cantidades de dinero por los que se están vendiendo teniendo en cuenta que a penas producen beneficios. Por dar algunos datos:
- MySpace cuenta con casi 110 millones de usuarios.
- El 1,6% de Facebook fue vendido por 240 millones de dólares a Microsoft.
- En Facebook podemos encontrar al menos 5 mil millones de fotos de usuario.

Las redes sociales se idearon para facilitar y mantener el contacto entre un grupo de personas. Te permiten saber qué es lo que andan haciendo tus amigos y dejarles comentarios. De igual forma ellos seguirán al tanto de lo que a ti te pasa. Además estos espacios cuentan con servicio de correo electrónico, mensajería instantánea, blog, álbumes de fotos y otras herramientas auxiliares que permiten distintos tipos de comunicación.

El negocio, el motivo por el que se valoren en tan grandes sumas de dinero, está en la publicidad. Gracias a estas redes, la inversión de muy poco dinero puede hacer que un anuncio llegue instantáneamente casi el doble de la población española. Sin embargo, los estudios han demostrado que estos anuncios no son en realidad muy eficaces. ¿Por qué entonces no ha caído el valor que tienen éstos espacios?

La cantidad de datos que día a día subimos a páginas como la del Facebook es una información muy valiosa sobre nuestros gustos y tendencias que permite a las empresas sacar productos más adecuados a nuestro perfil de grupo y campañas mucho más convincentes. Éstos son los datos que venden estos espacios. Si leemos además su política de privacidad nos daremos cuenta de que en concreto los datos personales que allí subimos ya son suyos y no hay forma de volverlos a sacar. Cancelar una cuenta significa en realidad hacerla invisible, pero los datos que “deliberadamente” les hemos proporcionado siguen a su entera disposición.

Por otra parte, aunque en un principio estos portales deberían servir para afianzar lazos de amistad, hay quien asegura que lo que hacen en realidad es degradarlos. Esto se debe a que en lugar de obedecer el impulso de llamar a un amigo para saber qué es de su vida y que nos cuente, nos damos por satisfechos mirando las fotos que éste puede haber colgado. Al final mantenemos el contacto con muchos más amigos, eso sí, pero un contacto mucho más superficial.

Finalmente, debido al gran número de afiliados, estas redes se han revelado como una herramienta muy adecuada para difundir otro tipo de mensajes. Convocatorias difundidas a través de estas páginas, como una que hubo contra las FARC, han sido acogidas rápidamente por miles de personas en muy distintos países. El problema es saber quién difunde esta información.

Como pasa en todo, el disfrute que uno pude obtener de las redes sociales depende del uso que uno mismo haga de ellas. Podemos utilizarlas para recordar a nuestros compañeros de la universidad, por ejemplo, o para saber un poco más de esas personas a las que aun no hemos tendido el tiempo suficiente para llegar a conocer. Sin embargo no cuesta nada ponerse a imaginar hasta dónde llegan las implicaciones de esta tecnología si no se impone un poco más de control sobre ella.

bichitis