Relatos, Humor, Revistas publicadasApril 8, 2008 10:11 pm

Uf… nueve pisos… ¿Dolerá? Aunque no sea una forma original de morir, graciosa lo es un tanto: sólo habrá que ver las caras que pondrán los transeúntes al ver mis restos esparcidos entre el suelo y la ventana del coche que está aparcado en frente. Todo muy “gore”, como una peli del grandísimo Tarantino.

Ya estoy familiarizado con esto, no os preocupéis. Aprendí lo que sería cuando quise comprobar si Micifú tenía siete vidas. Sí, fui yo, un gato no se puede pegar las patas con pegamento el solito. Al cabo de unos días, el patio apestaba, llegaron las ratas y se tomaron la revancha. Malditas, seguro que llevan ahí desde que la abuela vivía de joven en esta casa. Tendrán montadas hasta sus propias mafias. “Dame eze trozo de quezo.” “¡No, lo he condeguido dó!” “¿Quierez zeguir con protezión? ¿No valoraz tu vida?”

Tranquilos, el mundo está lleno de muertes diarias, no sólo de bichos inmundos (ejem… de animalitos respetables), sino también de humanos. En ciertos países mueren por decenas y apenas tienen cincuenta segundos reservados en los telediarios. Yo no quiero gloria, no quiero que se sepa que me he espachurrado contra el suelo, ni que sirvo de abono para las plantas del cementerio, no quiero esquela, ni funerales guays, ni nada de eso. Dejadme en la morgue, que dicen que es un sitio muy fresquito.

Carlos, no te frotes las manos, mi bici ya la he vendido (no haberme roto el mega-yoyó cuando estaba tan de moda) y las revistas Private se las he dado un amiguete salidillo. Eso sí, te deseo suerte, enano, y deja el pabellón de la familia bien alto en los concursos de eructos –ya sabes el truco.

Papá y Mamá, gracias por todo. No os preguntéis por qué, simplemente he elegido la pastilla roja. Creo que debéis estar orgullosos porque vuestro hijo haya sido lo suficientemente listo como para no tomar cianuro o matarratas para morir: eso si que debe de joder. Los barbitúricos no me los vendían y lo de cortarse las venas… ya sabéis que la sangre me da “yuyu”.

Bueno, pasadlo bien en Gandía este verano aunque ya va siendo hora de variar un poquito.
Adiós a todos.

P.D: Se me olvidaba: recordadle al tío que se cambie de equipo, que el suyo no va a ganar nunca la liga.

farero

Reflexiones 10:09 pm

“Hola niños y niñas, estoy aquí para presentaros la siguiente función, ¡una de las mejores que hayáis visto nunca! ¡Espléndida! ¡Sublime! Preparaos, que llega: ¡Politini el magnífico!”

Tras esto, Arlequín salió del escenario sin borrar de su boca la cínica sonrisa pintada. Se retiró el telón suplantándolo una cortina de humo. Acompañado de una música inquietante, surgió un individuo de la nada, con chistera y chaleco rojo. Dio un bote y desapareció. Dos segundos después, estaba sentado en una butaca en la que había antes un niño. Se subió al escenario, se sacó la chistera y de ella saltó el chico, que no salía de su asombro. Uno tras otro, se sucedieron los milagros, a cada cual mejor.

A la salida, Aurelia y Venancio comentaban contentos lo bien que habían invertido sus pagas, reservadas para la ocasión, cuando un hombre, que venía de la puerta trasera del teatro, se les acercó diciéndoles:
- Parece que os ha gustado.
- Sí, mucho –dijo Aurelia. ¿Arlequín? ¿Eres tú?
- No, soy un simple pinche –dijo escondiendo un cascabel en el bolsillo. Me preguntaba si querríais entrar en el teatro para ver lo que esconde.
- ¡Síiii! –dijeron casi al unísono.

Arlequín les dio un paseo por los camerinos donde pudieron ver a Politini y a sus ayudantes, pero aquel les saludó don indiferencia y susurró a Arlequín un te dije que no volvieras a traer a los niños aquí, todavía tengo los hilos de la camisa sin quitar. Venancio lo escuchó, pero no dijo nada. Arlequín siguió con la visita guiada y les enseñó los artilugios que servían para hacer levitar al mago, para fabricar el humo que parecía que surgía de sus manos, las cajas con doble fondo y las jaulas plegables de las que desaparecían los pollitos: estaban manchadas de sangre. Los niños tenían ya desdibujada de su cara la sonrisa con la que habían salido del teatro y le pidieron al hombre que les enseñase la salida.

Volvieron andando a casa sin abrir la boca para hablar y se despidieron sin mediar palabra. Al llegar a casa, Aurelia se encontró con su padre y le contó lo ocurrido. Éste, tras esbozar una sonrisa casi inapreciable, le dijo:
- No te preocupes hija, te irás acostumbrando a ello a medida que vayas creciendo. Te darás cuenta de que en la vida hay muchas obras de teatro o funciones de magia que no son reales, son ilusiones que creamos las personas, unas veces para reírnos o soñar, otras veces para engañar. Éstas últimas son las más peligrosas y son de las que has de tener mucho cuidado. Sin ir más lejos, el 9 de marzo va a empezar una que se repite cada cuatro años y dura otros cuatro. En ella, como hoy tú has comprado la entrada, la gente no tiene más que depositar un papelito en una cajita con el que se elije a los actores de la función. Cada mes tiene que pagar por esa función, porque los actores tienen que comer y realizar la representación por los demás, que no quieren o no son capaces de hacerlo. Lo que ocurre es que si les gusta, pueden verla hasta el final, pero si no les gusta, no pueden cambiar nada en ella, no pueden detener la función y lo único que parece estar a su alcance es no mirar. Finalmente, hay unos pocos como tú que llegan a ver el vientre del teatro y se dan cuenta de lo falsa que es la función. Entonces, cultivan esperanzas para que la siguiente función sea mejor, pero resulta ser casi la misma.
- ¿Y no se puede hacer nada para cambiarlo?
- Sí, pero es difícil porque hay mucha gente que va a ver la función porque el resto de sus vecinos van a verla o porque tienen miedo de que deje de haber funciones para elegir y que estén “obligados” a ver una. Sin embargo, algunas personas se atreven a exigir a los comediantes que dejen de actuar, protestan en la entrada del teatro o no acuden a él. Otras, pretenden hacer una función en la que todos sean actores y espectadores a la vez, pero les llaman idealistas y utópicos, así que cejan en su empeño.

Aurelia acabó de escuchar a su padre y se quedó mirando al vacío. Esa noche no cenó, no durmió. Al día siguiente, se encontró a Venancio en el colegio.
- Voy a montar una obra en la que todos actuemos. ¿Te apuntas? Hay que decírselo a…

NoinectsbA

Varios 3:27 pm

Este libro fue escrito por Arthur C. Clarke en 1954. Empieza con la carrera entre los EEUU y la URSS por conquistar el espacio y termina 200 años más tarde desvelando el destino de la especie humana. Pese a lo que pueda parecer, se trata de un libro cortito y entretenido, pues el autor se limita a narrar los acontecimientos clave que llevarán la historia a su desenlace. Por eso entre un capítulo y otro pueden haber pasado varios años y cambiado los personajes.

Uno de estos acontecimientos es la llegada de unas naves extraterrestres a nuestro planeta. Los extraterrestres, llamados por los hombres “superseñores”, se ocultarán de los hombres, pero su líder, Karellen, a través del Organismo de las Naciones Unidas, guiará a la Tierra a la paz y la prosperidad y logrará la hermandad de la especie humana. Parece que todo va a ir de perlas, pero ¿podrán los hombres resistir su curiosidad y no interferir en los acontecimientos? ¿Dejarán de preguntarse qué es lo que traman los superseñores y por qué esconden su figura? Y en este auge del desarrollo tecnológico, ¿qué pasará con la cultura, las artes y las experiencias paranormales?

Arthur C.Clarke fue un científico y escritor británico que nació en 1917 y murió el pasado 19 de marzo en Sri Lanka, donde vivía desde 1956. Para hacernos una idea de las cosas que desarrolló en vida podemos recordar que llevan su nombre la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales, un asteroide y un dinosaurio. Además fue especialista en radares, presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS) y caballero de la Orden del Imperio Británico. Entre su bibliografía destacan La Cuidad y las Estrellas, Cita con Rama, 2001: Una Odisea Espacial y Fuentes del Paraíso.

La ciencia ficción es un género artístico y literario en el que se rompe con la realidad, pero de una forma racionalmente explicada. De ahí su nombre: ficción científica. La trama suele partir del desarrollo tecnológico en un posible futuro, el comportamiento humano dentro de una sociedad utópica, o desarrollar ideas derivadas de yuxtaponer al ser humano con seres extraterrestres o robots. En cualquier caso, este libro es muy buen ejemplo de cómo la ciencia ficción puede acercarse a la filosofía dejando al lector interrogarse sobre las preguntas “últimas” (y otras no tan últimas) a las que el ser humano intenta dar respuesta desde que el ser humano es racional.

bichitis