La mejor terapia para liberar el estrés acumulado a lo largo del día puede ser tumbarse en la cama durante unos minutos antes de acostarse, cerrar los ojos, y dejarse llevar a un mundo tan irreal como maravilloso.

El frescor de la arena de la orilla de un río te hace abrir los ojos, sientes en tu espalda el granuloso masaje que te regala la naturaleza. Apenas a unos metros de ti, fluye un potente manantial de agua cristalina, que serpentea entre las rocas. Dejas que el precioso sonido de la naturaleza penetre por tus oídos e inunde la totalidad de tu cuerpo. Al mismo tiempo dejas a tu cuerpo que vuele libre sobre el valle en el que hace unos segundos te encontrabas. Con tus ojos puedes ver lo bonita que es la nieve en lo alto de las colinas, a los cervatillos buscando raíces en el valle blanquecino y, al levantar la vista, observas junto a ti el majestuoso vuelo de un águila real. Sientes frío, pero es un frío que te produce placer, el inmenso placer de flotar en la nada, de sentir el aire puro y limpio que roza con tus mejillas, de vivir la vida en la más absoluta grandiosidad. Te sientes feliz, libre, único… Durante unos segundos estás disfrutando de lo maravillosa que puede llegar a ser la vida, la otra vida, la que no se encuentra en el ruido y el bullicio rutinario. Miras a la profundidad, a cientos de metros bajo tus pies, y ves un pequeño lago de aguas azules, un azul tan intenso como el del cielo, y te dejas caer hacia él sin miedo a nada, lo más rápido que puedes, sin importarte la temperatura del agua o su profundidad. Al acercarte a la superficie, disminuyes la velocidad de caída ligeramente, hasta posarte con total suavidad sobre las gélidas aguas del lago. Tras mirar al horizonte durante unos segundos, decides que es hora de darle profundidad a tus sueños y permites que tu cuerpo se sumerja en la masa azulada en la que te encuentras. Dejas de sentir tu cuerpo, tu existencia, pero a la vez sientes que eres mucho más de lo que nunca has sido. No necesitas respirar porque tu grado de relajación es total. Te estás dando cuenta que tu vida a cambiado en muy poco tiempo, y no quieres volver a la anterior. Cierras de nuevo los ojos para volverlos a abrir pocos segundos después. Te despiertas en el agua de nuevo, pero esta vez te encuentras en un manantial de aguas termales que burbujean bajo tu cuerpo y te producen el mayor placer posible. Vuelves a cerrar los ojos y te concentras en recordar los mejores momentos de tu vida, aquellos que podrían estar repitiéndose en este mismo instante dado el estado de felicidad en el que te encuentras en este momento. Poco a poco vas notando como bajo tu cuerpo el agua va cogiendo fuerza y velocidad. Al cabo de unos segundos notas total libertad, alrededor de tu cuerpo no sientes nada más que el frescor del viento de nuevo. Por tus oídos penetra un ruido ensordecedor, tardas unos instantes en reconocer de qué se trata, es el ruido de una cascada. Te dejas llevar libremente a donde el destino quiera llevarte, sin ninguna oposición por tu parte. Abres los ojos por última vez para contemplar la majestuosidad de la naturaleza en su máximo apogeo, atraviesas el agua del fondo de la cascada y llegas a un nuevo y más fabuloso mundo aún que el anterior…

Ahora es hora de que cierres de verdad los ojos y vayas en busca de este nuevo mundo, de que dejes crecer tus sueños, de que tus sueños crezcan en tu interior…

OMICRÓN DELTA

Concurso de relato corto.Awa.07/08