VariosMarch 13, 2008 7:52 pm

Pasaban cinco minutos de las siete de la tarde cuando apenas se dibujó en su cara la última de las sonrisas, la definitiva mueca de tranquilidad.

Unas manos sudorosas, recias pero sensibles, turbadas por el inexorable, y fatal, destino, acababan de desenchufarlo de la vida, de rescatarlo del sombrío túnel de la ciencia, allí donde aparatos y cables, sustentos de artificialidad y últimos eslabones del combate contra la muerte, son incapaces de dominar al espanto y a la desolación.

No pudo evitar pensar en todos los momentos que pasaron juntos, padre e hijo, conviviendo y compartiendo una vida que se había visto truncada tan sólo unas horas antes, pero que a él ya le parecía una eternidad. Un sentimiento extraño, mezcla de rabia y culpa le inundó en ese instante mientras le observaba, maldiciendo en silencio la fragilidad de la existencia.

El padre enjugó sus lágrimas, abrió la puerta de aquella sala y respiró hondo; mientras, el pasillo se iba llenando de nuevas máquinas, de nuevos cables y de batas de todos los colores, en vertiginosa procesión por todas las direcciones.

Certificada, finalmente, la inutilidad de las alarmas, sus manos recias, aún sudorosas, firmaban al pie de un texto que ni siquiera leyó.

Horas después la sonrisa del hijo, arrancada violentamente en aquella carretera infernal, y la mueca de una renovada tranquilidad, comenzaban a aflorar en el rostro de aquella muchacha de ojos verdes de la habitación 203, que era, de nuevo, todo corazón.

John Dorian

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:51 pm

Lucía está inquieta. Incapaz de controlar el frenético ritmo que domina su cuerpo y devora sus nervios, la rubia y atlética artista enciende un cigarrillo, lo sujeta firmemente entre los labios e intenta buscar una calma que, desde hace días, se le resiste.

Con el ceño fruncido, Lucía inclina la cabeza y observa su nueva creación. No hay duda, la obra es triste pero realmente bella, llena de un realismo patético que hiere. Lentamente la pintora ilumina ligeramente el lienzo, en donde diferentes matices y relieves se hallan tan distantes de sí mismos que resulta extravagante. De las esquinas del lienzo nacen finas líneas que se entrelazan radialmente, fusionándose con intensas rosetas que parecen latir desacompasadamente, como un corazón hecho pedazos. Ha conseguido el efecto que buscaba, transmitir desazón y confusión.

Ya son las dos de la madrugada. Esa misma mañana se presenta la obra y Lucía no consigue su objetivo; poner nombre a la amarga historia que encierra la tela. Para ella no es un cuadro más sino que va mucho más allá; es la culminación de una etapa, el punto y final de su sufrimiento.

Cansada y derrotada, la mujer se asoma por la ventana intentando encontrar en tan breve receso un resquicio de esperanza para su inspiración…

…Y desde aquel apagado ventanal es testigo del momento más íntimo que ha presenciado en meses, un eterno instante que, para su desgracia, no le pertenece. La Gran Vía madrileña acoge en su seno a una dulce pareja, ajena al aciago mundo que la rodea y abrazados con una intensidad que sobrecoge. Ambos permanecen con los ojos cerrados y los rostros pegados, temerosos de perder aquella intimidad tan virginal. Así es como debería ser la vida de Lucia, no la existencia vacía y yerma en la que se cobija y que sólo recobra el sentido cuando es capaz de plasmar su dolor sobre un lienzo, el único ser ajeno ante el que es ella misma.

Tras retirarse de la ventana Lucía llora amargamente. Llora porque es consciente de que los sentimientos que más duelen son los que se desean vivir y no se han vivido; el ansia de lo que pudo ser y no ha sido, el cruel abismo entre lo deseado y lo obtenido, el amargo arrepentimiento de las oportunidades perdidas… Y es que ha vivido con tantas promesas forjadas a fuego lento que, cuando se las han arrancado del corazón a golpe de estaca y martillo se ha roto en pedazos, y tiene miedo.

De repente fija la mirada en su creación. Poco a poco su cara cambia iluminándose y recobrando un brillo que creía extinto. Mientras una abrasadora lágrima recorre su mejilla, una sincera sonrisa acompaña el vaivén de su pluma, escribiendo el punto y final no sólo al nombre de su nuevo retoño, sino también a la peor etapa de su vida.

LA BLASA

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:50 pm

Riiiiiiiiiiiiing, riiiiiiiiiing, suena la campana y comienza la carrera. El corazón me palpita cada vez mas fuerte, y mi respiración empieza a agitarse. Él, sale primero, con su típico ritmo pausado, y tu, intentando deshacerte de la marabunta de gente que os separa, intentas reducir la distancia mientras lo buscas con la mirada. Yo soy el que mas corre, sin duda, subo y bajo, voy de un lado a otro, sin tener muy claro porque sigo corriendo ni tampoco hacia donde ir, pero corriendo, como si un impulso inevitable se hiciese dueño de mis piernas cada vez que esa campana suena. Finalmente, consigues acortar distancias y llegar a tu meta. Él, taciturno, se alegra de la agradable sorpresa y te recibe en sus brazos, como si fuese a la vez, premio y premiado. Yo entre jadeos me quedo en la distancia, observando, triste porque un día mas he vuelto a perder, triste porque se, que esta carrera esta amañada y siempre corro con desventajas. Decido volver y descansar, me va a hacer falta, porque tras la siguiente clase volverá a sonar la campana.

Leonel

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:48 pm

Hace mucho tiempo que mi alma ya no abandona el mitreo. Aquí en la oscuridad se está a gusto. Uno se siente bien en la humedad de esta caverna, se siente reconfortado con la sensación de seguridad que da el saber que hay varios metros de tierra sobre tu cabeza. Es un poco como volver al vientre materno, pensadlo, en el fondo tampoco es tan disparatado. Los hombres que existieron mucho antes que nosotros, hombres que vivían mirando al cielo y cavando el suelo, siempre habían querido ver en la tierra a una madre. Pero nosotros hemos sido más listos y para que no nos nuble la vista la hemos cubierto oportunamente de asfalto y hormigón.

Cuando salía de mi catacumba buscando el sol no lo encontraba, y en su lugar es la luz de los neones la que me deslumbra. Las luces de la ciudad, diréis. Y yo digo sí y no: las luces de la sociedad. Dicen que hace siglos (me temo que demasiados pocos) que la esclavitud ha sido abolida en el mundo occidental. ¡Que grotesca ironía encierran estas palabras! Pues en el fondo solo somos libres nominalmente, únicamente han cambiado las condiciones de nuestra servidumbre.

Creemos que nos hemos librado de los viejos grilletes: la religión, el estado…, que necedad, es que acaso no sufrimos la presión de nuevas ataduras que han surgido para sustituir a las viejas herrumbrosas. ¿O es que no reconocéis en el mercado de consumo al patrón que desde mediados del siglo XX nos bendice con las cadenas que agradecidos nos colgamos? Prácticamente nada ha cambiado, porque en realidad todo esto no son más que síntomas de un mismo mal.

¿Nunca habéis tenido la sensación de no ser más que un títere que camina por sendas que otros le han marcado? El hecho es que la sociedad nos condiciona, nos moldea y nos uniformiza, y lo hace mucho más de lo que queremos reconocer. La Sociedad: el bien pensar, el bien hacer, delimitada por los severos prejuicios que separan el bien del mal. Ese mar de prejuicios sobre el que la humanidad flota. Ese mar que se torna tormentoso para hacer naufragar a todos aquellos que se atreven a navegar a contracorriente. Que difícil es salirse del redil. O acaso hay muchos que os atrevéis a actuar de forma distinta a lo que se espera de vosotros.

Por favor, no quiero que penséis que es a vosotros a quienes increpo, vosotros, que estáis teniendo la bondad de leer este texto, aunque puede que más de uno se haya dado por aludido. No, en el fondo me increpo a mi mismo. Pero no podéis ni imaginaros (o tal vez sí) lo difícil que es sobrevivir sin enloquecer, cuando una parte de ti te dice “¡Habla!” y la otra “¡Calla!”, cuando una te sugiere la sensata sumisión, mientras la otra te grita “REBELION”.

Sabed que aquí, en el corazón de la tierra, soy libre, y mientras bajo el sol tiro del arado, uncido por un yugo que aprieta como un diablo, en la sombra, mi voluntad grita. Aúlla al viento: “Tendrán mi esfuerzo, pero jamás, jamás doblegarán mi espíritu”.

Por: el Exilado del Mitreo

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:46 pm

La mejor terapia para liberar el estrés acumulado a lo largo del día puede ser tumbarse en la cama durante unos minutos antes de acostarse, cerrar los ojos, y dejarse llevar a un mundo tan irreal como maravilloso.

El frescor de la arena de la orilla de un río te hace abrir los ojos, sientes en tu espalda el granuloso masaje que te regala la naturaleza. Apenas a unos metros de ti, fluye un potente manantial de agua cristalina, que serpentea entre las rocas. Dejas que el precioso sonido de la naturaleza penetre por tus oídos e inunde la totalidad de tu cuerpo. Al mismo tiempo dejas a tu cuerpo que vuele libre sobre el valle en el que hace unos segundos te encontrabas. Con tus ojos puedes ver lo bonita que es la nieve en lo alto de las colinas, a los cervatillos buscando raíces en el valle blanquecino y, al levantar la vista, observas junto a ti el majestuoso vuelo de un águila real. Sientes frío, pero es un frío que te produce placer, el inmenso placer de flotar en la nada, de sentir el aire puro y limpio que roza con tus mejillas, de vivir la vida en la más absoluta grandiosidad. Te sientes feliz, libre, único… Durante unos segundos estás disfrutando de lo maravillosa que puede llegar a ser la vida, la otra vida, la que no se encuentra en el ruido y el bullicio rutinario. Miras a la profundidad, a cientos de metros bajo tus pies, y ves un pequeño lago de aguas azules, un azul tan intenso como el del cielo, y te dejas caer hacia él sin miedo a nada, lo más rápido que puedes, sin importarte la temperatura del agua o su profundidad. Al acercarte a la superficie, disminuyes la velocidad de caída ligeramente, hasta posarte con total suavidad sobre las gélidas aguas del lago. Tras mirar al horizonte durante unos segundos, decides que es hora de darle profundidad a tus sueños y permites que tu cuerpo se sumerja en la masa azulada en la que te encuentras. Dejas de sentir tu cuerpo, tu existencia, pero a la vez sientes que eres mucho más de lo que nunca has sido. No necesitas respirar porque tu grado de relajación es total. Te estás dando cuenta que tu vida a cambiado en muy poco tiempo, y no quieres volver a la anterior. Cierras de nuevo los ojos para volverlos a abrir pocos segundos después. Te despiertas en el agua de nuevo, pero esta vez te encuentras en un manantial de aguas termales que burbujean bajo tu cuerpo y te producen el mayor placer posible. Vuelves a cerrar los ojos y te concentras en recordar los mejores momentos de tu vida, aquellos que podrían estar repitiéndose en este mismo instante dado el estado de felicidad en el que te encuentras en este momento. Poco a poco vas notando como bajo tu cuerpo el agua va cogiendo fuerza y velocidad. Al cabo de unos segundos notas total libertad, alrededor de tu cuerpo no sientes nada más que el frescor del viento de nuevo. Por tus oídos penetra un ruido ensordecedor, tardas unos instantes en reconocer de qué se trata, es el ruido de una cascada. Te dejas llevar libremente a donde el destino quiera llevarte, sin ninguna oposición por tu parte. Abres los ojos por última vez para contemplar la majestuosidad de la naturaleza en su máximo apogeo, atraviesas el agua del fondo de la cascada y llegas a un nuevo y más fabuloso mundo aún que el anterior…

Ahora es hora de que cierres de verdad los ojos y vayas en busca de este nuevo mundo, de que dejes crecer tus sueños, de que tus sueños crezcan en tu interior…

OMICRÓN DELTA

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:44 pm

Duerme, por no vivir más que nada. Despierta, solo en su habitación, eso mismo piensa él. Discurre su día con normalidad, pero sigue estando solo. No comparte sus preocupaciones con los que le rodean, no sirven para ello, tampoco para muchas otras cosas.

Se pregunta si realmente existen los demás, si no son meras sombras de sus cavilaciones. Se interroga y sólo sale un amargo quejido de lo más hondo de su ser. ¿ Y si realmente estuviese solo, más solo de lo que nunca llego a imaginar?

Llega la hora de comer, comparte su mesa y pan con gente a la que llama amigos, orgullosos cada uno presume de sus logros, se quejan de sus desdichas o simplemente hablan por hablar, como muchas otras cosas que hacen al día. Él solo come, nada más. No entiende de lo que hablan, pero casi se alegra de ello, se ha acostumbrado al zumbido monótono de las conversaciones.

A la tarde ha quedado con su novia, el amor de su vida le dijo un día al oído. Ahora lo piensa mejor y sabe que se acabará cansando de ella, igual que ya se ha cansado de las persecuciones de su sombra. La miente al besarla, lo hace con ternura pero por pena, por no dañar a la persona que tantas veces le dio una razón para vivir. Ahora nada es igual, ahora ya sólo piensa en si mismo, como siempre vamos, pero más aún, como si lo único que importase fuese alcanzar la gloria. Lejos está la vieja meta de ser feliz, la dejó por imposible.

Su vida necesita un giro, pero uno de los de verdad, no de esos de 360º. Ha pensado en volver a buscar el amor, tal vez una nueva fuente de inspiración, una nueva pasión o simplemente una atadura tan grande que le impida irse al otro mundo sin sentirse culpable.

Quiero ser padre. - Mierda, tuve que reflexionar antes.
¿Enserio? Que feliz soy.

No tiene sentido seguir así. Mañana dejará un vestigio de lo que fue sembrado en el corazón de aquella que se desvivió por él. Entonces se irá, para siempre, sin girar la cabeza por miedo a querer volver. Se olvidará del pasado y empezará algo nuevo. Aunque antes se cerciorará de que los que le rodean sean personas, no sombras, siluetas de algo tristemente despreciable.

Temple

Concurso de relato corto. Awa.07/08