Echando la cabeza para atrás pensó a quién tendría que darle las gracias por lo que acababa de ocurrir. No sabía muy bien cómo había sido, pero ahí estaba, respirando profundamente y con una sonrisa increíble en la boca. Siempre se había considerado un buen tipo. Tal vez el de arriba le debiese algunos favores. Ella salió de debajo de las sábanas y se incorporó como diciendo qué, cabrón, he estado increíble, lo sé. Él sólo pudo confirmárselo torpemente levantando las manos en señal de no sé cómo coño lo has hecho, pero ha sido genial. Ambos se besaron. Después él tocó una de sus tetas en comprobación de que aquello no había sido un sueño; la amiga se movió arriba y abajo, como un flan. Se besaron de nuevo y se tumbaron: él boca arriba, ella de lado; uno para pensar en cómo intentar transcribir lo que había pasado y la otra realmente para dormir.

No sé muy bien cómo empezar. Tal vez escribir que me han hecho la mejor mamada de mi vida, así, sin más, suene un poco duro. Además, eso no tiene clase, es vulgar. Podría centrarme en describir lo que vi, lo de inclinar mi cuello por debajo de la sábana, a oscuras, y sólo oir mi respiración y el sonido de su boca lamiéndome. Cursi. Eso sería casi peor que lo de que me han hecho la mejor mamada de mi vida; al menos lo otro no tiene clase y es vulgar, que vende mucho. Mierda.

“Echando la cabeza para atrás pensó a quién tendría que darle las gracias por lo que acababa de ocurrir”.

Sí, es bastante buena idea.

“Tal vez dios no fuese sordo al fin y al cabo”.

No, no funciona. Mejor algo más impersonal: “Siempre se había considerado un buen tipo. Tal vez el de arriba le debiese algunos favores”. Sí, mejor. A partir de aquí, el resto es coser y cantar.

Pensó en lo bien que se estaba en algunos momentos, sin preocupaciones de ningún tipo y sin deberle nada a nadie; estar en paz, que se diría. Que no se joda este momento, por favor, que no suene el teléfono, que no me tire un pedo, que no me ponga a hacer chistes malos para romper el hielo, que no quiero romperlo, que quiero que todo se quede así, por favor. Entonces cerró los ojos y dejó de escuchar el ruido de los coches, las voces de la calle dejaron de molestarle; tal vez el de arriba realmente le debiese algo más importante y hoy le estuviera regalando el premio gordo en forma de deseos. Medio dormido, lo último en lo que pensó fue en la cara de ella, mirándole también. Otro beso y a dormir, sin coches y sin voces. Al despertar no escuchó nada, pero era de día: no todo había permanecido igual que hace unas horas. Maldijo en forma de tos. Abrió los ojos y allí estaba, tal y como la había soñado la noche anterior, mirándole directamente y con una sonrisa. Él levanto la mano y le tocó una teta. Se movió arriba y abajo, como un flan. Le encantó la idea de volver a estar despierto.

Naked Anacoreta