Relatos, Revistas publicadasNovember 27, 2007 8:54 pm

Echando la cabeza para atrás pensó a quién tendría que darle las gracias por lo que acababa de ocurrir. No sabía muy bien cómo había sido, pero ahí estaba, respirando profundamente y con una sonrisa increíble en la boca. Siempre se había considerado un buen tipo. Tal vez el de arriba le debiese algunos favores. Ella salió de debajo de las sábanas y se incorporó como diciendo qué, cabrón, he estado increíble, lo sé. Él sólo pudo confirmárselo torpemente levantando las manos en señal de no sé cómo coño lo has hecho, pero ha sido genial. Ambos se besaron. Después él tocó una de sus tetas en comprobación de que aquello no había sido un sueño; la amiga se movió arriba y abajo, como un flan. Se besaron de nuevo y se tumbaron: él boca arriba, ella de lado; uno para pensar en cómo intentar transcribir lo que había pasado y la otra realmente para dormir.

No sé muy bien cómo empezar. Tal vez escribir que me han hecho la mejor mamada de mi vida, así, sin más, suene un poco duro. Además, eso no tiene clase, es vulgar. Podría centrarme en describir lo que vi, lo de inclinar mi cuello por debajo de la sábana, a oscuras, y sólo oir mi respiración y el sonido de su boca lamiéndome. Cursi. Eso sería casi peor que lo de que me han hecho la mejor mamada de mi vida; al menos lo otro no tiene clase y es vulgar, que vende mucho. Mierda.

“Echando la cabeza para atrás pensó a quién tendría que darle las gracias por lo que acababa de ocurrir”.

Sí, es bastante buena idea.

“Tal vez dios no fuese sordo al fin y al cabo”.

No, no funciona. Mejor algo más impersonal: “Siempre se había considerado un buen tipo. Tal vez el de arriba le debiese algunos favores”. Sí, mejor. A partir de aquí, el resto es coser y cantar.

Pensó en lo bien que se estaba en algunos momentos, sin preocupaciones de ningún tipo y sin deberle nada a nadie; estar en paz, que se diría. Que no se joda este momento, por favor, que no suene el teléfono, que no me tire un pedo, que no me ponga a hacer chistes malos para romper el hielo, que no quiero romperlo, que quiero que todo se quede así, por favor. Entonces cerró los ojos y dejó de escuchar el ruido de los coches, las voces de la calle dejaron de molestarle; tal vez el de arriba realmente le debiese algo más importante y hoy le estuviera regalando el premio gordo en forma de deseos. Medio dormido, lo último en lo que pensó fue en la cara de ella, mirándole también. Otro beso y a dormir, sin coches y sin voces. Al despertar no escuchó nada, pero era de día: no todo había permanecido igual que hace unas horas. Maldijo en forma de tos. Abrió los ojos y allí estaba, tal y como la había soñado la noche anterior, mirándole directamente y con una sonrisa. Él levanto la mano y le tocó una teta. Se movió arriba y abajo, como un flan. Le encantó la idea de volver a estar despierto.

Naked Anacoreta

Relatos, Revistas publicadasNovember 18, 2007 5:51 pm

“¿Diga? ¿Sí? ¿Quién es usted? No, no le quiero escuchar…” Sólo le pido unos segundos y me querrá oír. Si es usted curiosa, no colgará el teléfono preguntándose el resto del día qué le habría querido decir esa voz anónima que le cautivaba tanto. Todos me dicen que tengo una voz familiar porque a todos les habría gustado tenerme como hijo, hermano, padre o tío pero obviamente usted me lo negará, me dirá que no quiere saber nada más de mí. “Pero…” Sí, eso es, pero yo sigo hablando y usted mientras piensa si no podría ser de verdad un pariente suyo o un amigo olvidado. Haga memoria, piense… “No… ¿No serás?” Sí, vamos, dígalo… Soy yo ¿o es que no me reconoces? “Hijo…” Sí. “¿Dónde has estado todo este tiempo? Te hemos buscado y…” Estoy bien Mamá, de eso no te preocupes. “Pero… mi Albertito…” He viajado mucho y al final he encontrado mi sitio donde menos lo esperaba. “¿Cuándo volverás?” No creo que lo haga, mamá. Hacía tiempo que quería llamarte pero me faltaba valor, ya he dado este paso al menos. Sólo quiero que sepas que estoy bien, que te quiero y que en los próximos días recibirás algo especial. Adiós mamá y cuídate.
Juan tomó una foto de un bebé y detrás escribió: “tu nieto”. La metió en el sobre con la dirección que aparecía en el listín telefónico, lo cerró y le puso el sello. Bien, ya he acabado con Muñoz, ahora a por … Navarro… 91358…

Papeete

Cine, Revistas publicadas 5:48 pm

Estos dos señores están entre mis directores preferidos. Mucha gente los confunde por su parecido en el nombre. Uno está más del lado de las superproducciones ambiciosas y otro del cine de autor, uno fue galardonado con varias estatuillas de oro y el otro admirado en festivales europeos. A mi parecer (esto siempre hay que decirlo, porque si es malo, luego te denuncian), son dos magníficos directores pero cada uno a su manera.

David Lean, conocido por crear “El puente sobre el río Kwai”, “Lawrence de Arabia” y “Doctor Zhivago”, es un especialista de las superproducciones holywoodienses de los años 60 en las que había mucho más que “especios efectales” y dinero a borbotones. David Lean supo conjugar una película de ventas con una obra de arte. Es criticado por muchos por no adentrarse en las posibilidades que le dieron los buenos guiones. En “Doctor Zhivago”, en aras de que el filme atrajese a más público, enfatizó en la historia de amor sin meter el dedo hasta el fondo de la llaga en una crítica del comunismo que le permitía la homónima obra de Boris Pasternak en la que se inspiró. Es criticado por no criticar. También algunos dicen que “Lawrence de Arabia” no respeta a fondo los “Siete pilares de la sabiduría”, libro escrito por T.E. Lawrence, personaje real y líder de las revueltas árabes; no insiste en la homosexualidad del protagonista ni en sus motivos personales para encabezar las rebeliones. La verdad es que, pese a ser muy largas (Doctor Zhivago tiene hasta la típica “pausa-piti” para salir del cine a la mitad), obtuvieron siete, siete y cinco óscars respectivamente –pero eso no debería ser una referencia pues el pastelón de “Titanic” ganó 11 en su día. Sin embargo, merece la pena disfrutar de la fotografía, la música (de manos de “Maurice Jarre”) y las increíbles actuaciones de las películas del detallista David Lean. Sus películas son sin duda mitos de la cinematografía que uno no puede perderse, son fotogramas que uno debería tener almacenados en la retina. Lean es un gran académico al que le gusta hacer bien las cosas, que tuvo la suerte de que le financiasen sus proyectos, eso sí, respaldados por grandes historias.

David Lynch es más famoso por sus controvertidas películas. Después de realizar ciertos cortometrajes, sacó a la luz “Cabeza Borradora” –“Eraserhead”- extraña donde las haya, sin apenas diálogos y con una trama inexplicable. Ya apuntaba maneras en el mundo del onirismo y los puzzles mentales. Luego vinieron las más normales “El hombre Elefante”, “Dune” y “Terciopelo Azul”: en ellas Lynch supo mostrar que también sabía hacer cine coherente (debería poner comillas pero no quiero abusar). Aborda diferentes géneros: drama con toques de fantasía (el “Hombre Elefante”), ciencia-ficción (“Dune”) e intriga (“Blue Velvet”). Siempre intenta mantener al espectador en vilo e ignorante durante buena parte de la película, como en la archifamosa serie de intriga “Twin Peaks”, su mayor éxito y su mayor fracaso. Lynch tuvo sus diferencias con los productores después de que la serie cosechase buenos índices de audiencia y empezó a delirar introduciendo elementos surrealistas en la serie. Prueba de su surrealismo son también las más recientes “Lost Highway” y “Mulholland Drive” que se tienen que ver con mando en mano para rebobinar y repetidas veces, para poder entender algo. En el fondo, Lynch es un caprichoso que dirige lo que quiere sin temor a vender poco, porque es un director que se ha hecho a sí mismo y tiene un buen grupo de incondicionales seguidores. No quiere decir tampoco que se dedique a juntar fragmentos inconexos. David Lynch nunca revela qué quiere decir con una película porque no siempre quiere decir algo en concreto pero sí admite que desea hacer reflexionar a los espectadores. Es muy meticuloso, todo está pensado, la música y la luz son muy importantes y suele tardar años en rodar una película. A veces, todo lo que se deduce de sus puzzles, puede tener explicación, y digo “puede”, pues cada explicación es válida. Es arte en estado puro.

Rosebud

MúsicaNovember 16, 2007 8:17 pm

Es extraño. Sigo a Ismael Serrano desde sus comienzos, sus discos suenan una y otra vez en mi habitación, no me pierdo un concierto y recuerdo cada palabra de sus canciones. Llevo semanas tratando de escribir sobre su último disco y no lo consigo. No lo entiendo, siento que puedo hablar con conocimiento de su música, comparar este álbum con los anteriores, ver su evolución, atacar sus puntos débiles… Pero cuando me siento en la cama con un boli, un papel y Sueños de un hombre despierto sonando de fondo no soy capaz. No consigo escribir críticas venenosas ni dulces alabanzas, no soy objetiva ni tampoco subjetiva. Simplemente no puedo.
Sigue sonando su música y me doy cuenta de que estoy enamorada. Cada vez que escucho a Ismael Serrano me enamoro. Me enamoro de la vida, de la luz del amanecer, de la utopía, de las revoluciones y, por supuesto, me enamoro de ti. Supongo que en este estado miro de manera distinta al mundo y es imposible criticar al desencadenante de este pequeño milagro.
Sólo puedo decir que me gusta Sueños de un hombre despierto y que Ismael Serrano sigue causando el mismo efecto en mí que cuando empezó. Ojalá también lo tenga en ti.

Vértigo

Varios, RelatosNovember 7, 2007 11:44 pm

A veces voy en el tren por las mañanas, aun de noche, cuando hace frío y el aliento se vuelve humo y resplandece al salir de la boca. Estoy agotada, no sólo por el descanso interrumpido, sino por el sueño que busca un final al margen de la lógica de la consciencia. Cuando el tren para en la estación iluminado por dentro, como una pecera en donde los peces se apoyan en las ventanillas o leen con los ojos entrecerrados, subo y busco un asiento cómodo, lejos de la gente para no desconcentrarme de mis pensamientos. El calor del tren relaja los músculos facilitando el sueño y el ronroneo y bamboleo se encargan de adormecerme durante el viaje. Poco a poco cierro los ojos, mientras lo que estaba soñando vuelve a mi mente siguiendo caminos imposibles. De repente me siento irracionalmente asustada. Sin darme cuenta he dejado el mundo real, adentrándome en otro que no conozco y me desconcierta. Dentro de mí sé que el tren ya nunca va a detenerse y yo estoy atrapada en él. Además veo que está lleno de peces que no saben que están en una pecera de donde no pueden salir. Con los ojos cerrados miro a todas partes, tratando de imaginar donde estoy, pero no estoy, sólo existe un tren que me lleva a no sé donde y al que no puedo controlar. Pese a que en ese momento estoy aterrorizada, presa de un ataque de histeria que disimulo quedándome totalmente quieta, lo que más me asusta viene tras un segundo de relajación y aceptación, cuando me doy cuenta de que en realidad deseo que eso sea así. Deseo pasarme el resto de la eternidad calentita dentro del tren, durmiendo y soñando, al margen de estudios y despertadores. Y aunque suspiro aliviada cuando oigo los pitiditos de las puertas en la siguiente parada, me duele volver a la realidad, sobretodo cuando me arranco del asiento para bajarme en el último segundo en mi parada. Lo peor es que sé que al día siguiente me pasará lo mismo y al siguiente, y al siguiente, para siempre.

bichitis