Érase una vez un pollo que vivía en una granja a las afueras de Mataporculo de Riocanijo. El señor pollo en cuestión se llamaba Torrebruno y era conocido en la región por su afición a tocarse insistentemente los cojoncillos mientras lanzaba todo tipo de improperios a las pollas y pollitas.

Un día, mientras Torrebruno hurgaba en un inmundo agujero con el único afán de encontrar los gusanos suficientes para pagarse una pollistituta, apareció la Srta. Tocameytemato y le dijo: “¡Torrebruno!, quiero ser tuya, ¡tómame!” Nuestro héroe no lo podía creer, la polla más cachonda del corral quería sexo con él, ¡y no tenía que darle lombrices frescas a cambio! Así pues, le siguió hacia la pensión “Pollo&Pollino” mientras babeaba con el vaivén de su plumáceo trasero. Sin embargo, el estado de sobreexcitación precoital de nuestro amigo, hizo que su escasa capacidad de observación se redujera a la nada y no se percató de que, en realidad, la Srta. Tocameytemato le estaba haciendo entrar en una extraña habitación… Allí esperaba “El Granjero”, un ser sin plumas y con muy mala leche, cuyo único objetivo era prender a todo pollo emplumado y ¡zas! cabeza volando y cuerpo corriendo. Cuando Torrebruno se percató de la situación no pudo hacer nada excepto decir: “Por lo menos te podías currar uno de despedida, ¡guarripolla!”. Acto seguido “El Granjero” sacó su hacha y Torrebruno dejo de ser uno, para ser dos. Los que lo vieron dicen que murió en paz, tocándose los cojoncillos mientras cantaba: “This is thee eeeeend, my oooonly frieeend, thee eeend!”.

Sin embargo, la historia de Torrebruno no acaba aquí. Cuenta la leyenda que su cuerpo fue enviado a una carnicería, donde Torrebruno pasó de ser dos a ser muchos y que sus dos alitas, aún con plumas, llegaron días más tarde a un bar llamado “El Boñar”, y que allí recibieron trato exquisito y que fueron acompañadas por cocido, y por paella, y por migas, y por higadillos, y por salmonetes, y por orangutanes. Y que al final las alitas de Torrebruno recibieron su triunfal reconocimiento con el potente sonido de un eructo de plena satisfacción post-ingesta y los consiguientes vítores de los otros “comensales”.

MetalfanN