Dicen que soy ciego. No porque no pueda ver, de visión no puedo quejarme; incluso podría considerarme guapo. Me llaman ciego porque nunca he estado en la cama con una mujer, hasta el final, claro. Chicas suelo conocer todas las noches, forma parte del juego de ser atractivo. Con una copa o dos y promesas de placer sin límites suben a casa, se sientan y, tras cinco minutos de conversación inútil, su secreto se abre ante mí como diciendo ¿a qué coño esperas? ¡Cómetelo, cabronazo! Entonces me pongo tenso, excitado, y pienso en si por fin veré las lucecitas que me quiten la ceguera mientras grito un gran jooooder aspirando el aroma de su cuello. Después me pongo algo menos tenso y algo menos excitado, y pienso en si me dolerá más el meterla o el que no pueda hacerlo, si seré una bestia incontrolable como todos esos actores o más bien un triste aprendiz que no aguante ni cuatro o cinco embestidas. Me vengo abajo, siempre, sin remedio y, con excusas de esto no me había pasado nunca, la chica se marcha a por un taxi, insatisfecha. Ya está bien, me digo, ¿quién cojones necesita a las mujeres? Yo no, me basto y me sobro cuando descubro mi soledad; entonces siempre termino, satisfecho. Ahora sonrío, radiante. Imaginaos lo que ha estado haciéndome la otra mano mientras se escribían estas notas, porque yo acabo de salpicar todo el folio.
Extracto de Confesiones de una polla anónima.

Zas, en todo el folio.
Zas, en todo el folio.
Zas, en todo el folio.
Comment by RedNoisE — May 10, 2007 @ 6:01 pm
Ejem… :S muy muy bien escrito.
Comment by Bichitis — May 12, 2007 @ 10:08 am