Coti no es alternativo, no suena cool decir que te gusta. No debería nombrar su disco en Awa, tendría que estar haciendo la crítica de un grupo del que no hubieras oído hablar nunca y fuera muy independiente.
Pero aquí estoy, escuchando a Coti, siendo consciente de que hace estribillos pegajosos, que gusta a toda la familia y además se junta con Paulina.
Evidentemente no es mi tipo, aunque ya me enamoró hace unos años cantando junto al gran Ismael Serrano la inolvidable “Nueces”. La saturación de “Nada fue un error” hizo que nuestro amor se acabara y se precipitara nuestro final. Pensé que definitivo.
Ha llegado a mis manos “Gatos y Palomas”, su nuevo álbum, y he acabado escuchándolo. Las cosas han cambiado. Él ya no es ese argentino desconocido que compone grandes éxitos para otros. Yo ya no soy esa niña a la que se enamora cantando una canción de amor. Aunque siendo sinceros, Coti sigue haciendo lo de siempre y yo sigo enamorada. “Gatos y Palomas” es el disco que se espera de Coti. Eso puede ser bueno, o puede ser malo. Lo único cierto es que no te va a engañar.
Hay ciertas noches en las que me apetece que la música que suena en mi habitación me transmita buenas sensaciones, no me haga pensar y no moleste. En esos momentos, Coti me gana y pienso que seguiremos juntos. Pero cuando despierto por la mañana, quiero algo más de la música. Y a mí Coti no consigue dármelo.
Escucharé su disco durante unas semanas y seguramente lo disfrutaré. Pero después romperemos de nuevo. Hasta que una noche le vuelva a necesitar.
Certidumbre
