¿Quién que haya ido un par de veces al teatro puede decir que no le gusta el teatro? No lo sé, pero pienso que no basta con ir un par de veces puesto que el teatro puede tomar muchas formas. La opereta es una de ellas.
La opereta es una obra cantada y satírica donde los guionistas hacen un alarde de ingenio mientras los actores demuestran un dominio total de su cuerpo y sus voces. Es sorprendente como obras escritas durante el siglo XIX son adaptadas para hacer reir al público de hoy en día haciendo guiños divertidos a temas de actualidad, como la política o los dibujos animados.
Los argumentos, complicadas tramas de enredo y desenredo con giros inverosímiles, parecen enteramente pensados para entretener, cumpliendo su función a las mil maravillas. No importa saber que pese a todo lo que pase al final ganará el bueno y triunfará el amor o que el malo fracasará en sus intentos por lo que sea y será ridiculizado por los demás personajes.
Estos personajes, estereotipos deliciosamente caricaturizados por los actores, tienen la capacidad de hacer sonreir al público con su simpleza. No puedo decir que carezcan de otras ambiciones, pero sí que esta basta para dejarte una sensación infantil de tranquilidad y felicidad al salir del teatro. Los bailes, las disparatadas canciones, las expresiones, las risas y los diálogos se alinean para conseguirlo.
En resumen, la opereta es una obra ligera y cómica que surgió en Francia a mediados del siglo XIX, cuya frivolidad en comparación con otros géneros de teatro a los que parodia, ayuda al espectador a olvidar los problemas, reir y disfrutar con sus canciones y bailes durante el rato que dura la obra. Autores destacados de operetas son el franco-alemán Jacques Offenbach con “La Bella Helena” (1864), u “Orfeo en los infiernos” y su famoso can can, los ingleses Gilbert y Sullivan, con obras como “El Mikado” (1885), que representa actualmente en Madrid el grupo Dagoll Dagom, o Florimond Herve, con “El pequeño Fausto” (1869). En España la opereta fue asimilada con la zarzuela, género más costumbrista. En cambio en Estados Unidos surgió una variante, la opereta anglosajona, con títulos tan conocidos como “Kiss me, Kate” (1948) de Cole Porter o “West Side Story” (1957) de Leonard Bernstein.
bichitis
VariosApril 1, 2007 6:16 pm
