Miradme. No me conocéis.
¿Quién creéis que soy?
Yo no lo sé, ayudadme.
Me tratáis, creéis en mí,
pero yo no sé quién soy,
y busco apartando las cortinas de tinieblas,
tratando de averiguarlo
alejándome para actuar,
para ser quien creéis, para no sobresaltaros.
¿Quién soy? ¿Existo?
No soy, ya no soy.
Ya no creéis,
soy nada.
Y sigo buscando,
intentando demostraros que sí existía,
que yo era algo hasta que me creasteis.
Y ahora… de nuevo aparto las cortinas
para adentrarme cada vez más en mis tinieblas,
verdes neblinas,
por ver si vuelvo a encontrarme.
Por ver si aun sigo allí,
otra vez buscándome.
Siento que ahí dentro debe haber escondido,
algo sagrado
mucho más que lo que hemos vivido.
Con la esperanza de que existo intento demostrároslo.
O a mí, ¿qué más da?
Ahora que ya:
-:no soy, no creéis en mí:-
ahora que todo vuelve a ser oscuro,
alzo mi voz para identificarla con algo,
para no ser solamente todo
y para no alejarme de todo.
Sin ningún patrón crezco
como una enredadera sólo aferrada a sí misma.
Crezco hasta ahogarme,
crezco hacia la luz lejana y mortecina
alejándome de vuestros temores y deseos,
sin saber qué es lo que soy,
asustándome con cada olvido
que me empuja más alto y más lejos.
Acabada vuestra fe, queda el viento,
y yo, aun sabiendo que nunca estuve allí,
puedo verme en ella una y otra vez sin llegar a comprenderlo,
mezclando pasado
presente
y futuro,
como si fuese eterna,
o un sueño que se repite,
o quizás una fantasía
o quizás totalmente vuestra.
En una grieta del viento
meto las cosas que creasteis para mí,
esas que ya no se me ajustan,
esas que me apretaron,
todo lo que yo cuidaba,
mi modesto y fastuoso reino.
Vuelvo a mi sombra,
donde para encontrarme encenderé mi propia luz,
la que no destruirá la oscuridad que juega a envolver mis pasos.
Mantendré los ojos cerrados.
bichitis