¿Puede que sentirte identificado con las canciones de un disco no sea bueno? ¿Puede que si alguien es capaz de expresar lo que pasa por tu cabeza te resulte incómodo escucharlo? ¿Puede que verte reflejado en un disco haga que no te guste?
Normalmente intento hacer mías las canciones y si siento lo que me transmiten puede encantarme escucharlas.
El disco debut de Conchita me engañó. Es una chica guapa que suena en los 40 principales. Esperaba un disco agradable, de esos que se tienen de fondo mientras se hacen otras cosas, que te aprendes las canciones sin darte cuenta, que escuchas durante unas semanas y olvidas sin ningún esfuerzo después.
Pero Conchita es algo más. Es una cantautora que ha recorrido los míticos bares madrileños y que debuta en el panorama discográfico con un aire pop que puede recordarte en su espíritu a Nena Daconte. En apariencia parece tener puntos en común con Edurne, pero realmente los tiene con Bebe. No es sólo una chica guapa. Y si queda alguna duda, la colaboración del gran Antonio Vega se encarga de quitarlas.
La primera vez que escuché “Nada más” no me gustó. Me pareció tan yo que me resultó desagradable. Puede que no me apeteciera oír lo que pasa por mi cabeza cantado por otra persona. Aunque he seguido escuchando el disco. Supongo que como a todos me atrae el dolor. Y sé que la línea que separa el odio del amor es muy fina. Y supongo que quería comentar este disco contigo.
Debería haberlo oído muchas veces más antes de a hacer esta crítica. Pero no sé si voy a ser capaz de escucharlo tanto como haría falta. Por eso he decidido escribir estas impresiones y animarte a que le des una oportunidad a Conchita. No te quedes con la primera impresión. Yo no sé si conseguiré cruzar la línea que separa el odio del amor. Puede que merezca la pena que lo intente.
Certidumbre
