Me he dado cuenta estos días, de como han cambiado las cosas. Todo empezó con Proyectos… básicamente, y para que todo el mundo sepa de qué hablo, son 24 temas de teoría, teoría, y después… más teoría.

Estaba yo sentado en mi mesa, delante de un taco de folios que bien habrían calzado cualquier mesa, intentado no pensar en ello, sino en asimilar lo que ahí había escrito, cuando recordé los memorables tiempos previos a selectividad…

¿Y por qué memorables? Porque éramos auténticas MÁQUINAS DE MEMORIZAR. Daba igual lo que fuera. Literatura, historia, una hoja del periódico que se había colado entre los apuntes… no importaba, fuera lo que fuera, como se dice hoy en día: “¡a la saca!” Es decir, de memoria. Lo que hizo no sé quién no sé qué día, lo que escribió el otro, lo que desayunó el día en que conquistó no sé qué país… TODO. Era impresionante. Vamos, que un escalofrío me recorre el cuerpo si pienso en la cantidad de cosas que llevábamos en la cabeza para esos tres intensos días de selectividad.

Y claro, utilizábamos el sistema para todo. Hasta que poco a poco nos fueron cambiando.

mente

Me acuerdo en primero, en la escuela, cuando me senté a mi primera clase de Álgebra… ¡pof! ¿pero qué estaba diciendo aquél hombre? ¿Alguien le entendía? Perdone… ¿de qué habla? Pero nada, pasaban los días, las semanas, los meses… y seguía en sus trece. Y encima… ¡¡se creía que le entendíamos!! Iluso…

Y así llegó el momento de estudiar esa asignatura… toda la Navidad por delante… “seguro queme da tiempo a entenderlo” pensé. Pero no, definitivamente era imposible. Entonces… ¿qué hice? Encendí la MÁQUINA. Llevaba apagada desde selectividad, y estaba ansiosa de engullir material. Así que memoricé todo, sin entenderlo, sin preocuparme siquiera por ello. Simplemente lo memoricé. Fórmula tras fórmula, matriz tras matriz… y así, recurriendo al poder que años de historia y literatura habían construido… me presenté al examen. Y salió bien, porque esa asignatura pasó.

Pero esa no era la técnica, la flauta habría sonado una vez… pero no se repetiría muchas veces… Se podía memorizar algo, pero todo… Cálculo me lo demostró. Porque memorizarte una asignatura sirve si te ponen algo igual que lo que tienes en los apuntes, pero como cambien… estamos perdidos.

Y así paso… la todo - poderosa técnica de memorizar se vio brutalmente aplastada por cálculo… y empezó su decadencia. Tocaba entender, no memorizar.

Y poco a poco fuimos forjando otra técnica, otros métodos, distintos completamente, pero que respondían al instinto de supervivencia, a la necesidad de aprobar. No había que memorizar nada que o fueran a preguntar, y había que saber hacer ejercicios, es decir, comprenderlos. La antigua técnica iba cayendo en el olvido.

De vez en cuando le echaban unas miguitas, materiales, organización… pero ibas dejándola atrás, porque la proporción jugaba completamente en su contra. Cálculo I y II, Ampliación de Cálculo, Ecuaciones Diferenciales… claramente el nuevo método ganaba terreno.

Y, de repente… sientes la necesidad de tu antigua técnica, quieres resucitar ese don de leer, memorizar, leer, memorizar… ¿por qué? Porque te obligan a ello… Tecnología de Materiales, Fabricación, Proyectos… “No puede ser”, piensas. Pero bueno, si antes podías hacerlo no será tan difícil retomarlo.

Y aquí estoy, delante de Proyectos. Leo, me disperso, leo, memorizo, se me olvida, me disperso, no leo, me disperso, se me olvida (¿el qué, si no he leído? no sé, todo!!) Así que hago lo que hacía antes, pero al revés. Álgebra no la entendí, y la memoricé, gracias a la costumbre.

Proyectos no puedo memorizarla, no me acuerdo de como se hace… intentaré comprenderla. Es difícil… ¿cómo vas a comprender eso? Y yo que sé!!! Me inventaré reglas o algo así…

Aunque al final no me quedará más remedio que memorizar por las bravas, pero cuesta, nunca creí que tanto… sin duda, la mente ha evolucionado…

¿A mejor o a peor? No sé, simplemente ha cambiado :)

A.tellingconts