Supongo que estas líneas podrían escribirlas un millar de personas, y l@s destinatarios serían otro millar distinto… pero en este caso el que escribe soy yo, así que no dudes más, porque la destinataria eres tú.

Si alguien espera encontrar un conclusión, un mensaje o una reflexión al final de este artículo posiblemente se vea decepcionado, porque no es el caso… lo que me gustaría hacer es un esbozo lo más sencillo posible de la sensación más compleja que existe. Y como esto puede parecer ua incoherencia, de antemano digo que estos pequeños párrafos no se acercarán ni de lejos a su objetivo, es demasiado complejo… como un amigo me dijo es como “intentar dibujar sobre el agua”. Pero aún así pondré todo mi empeño en lo que ahora me ocupa.

Y no puedo esperar mucho para empezar a escribir… porque en las sensaciones no se piensa, no se recuerda, no se reflexiona… porque entonces pierden su grandeza, porque entonces no las tendrás en tu mente en toda su mgnitud… las sensaciones se sienten. ¿Parece obvio no? Hay amigo, pues intenta describir alguna, no hace falta que sea escrito… y verás que la forma más “sencilla” es en un momento en que dicha sensación te inunde por completo. Y hoy, ahora, como en muchos otros increíbles momentos… es mi caso.

Espero que ya sepas lo que quiero decir, lo que intento escribir… porque leídas de esa manera estas líneas serán mucho más fácil de escribir… porque no estoy escribiendo como otras veces una opinión o una crítica para un público generalizado… sino que ahora escribo por y para una persona, por y para ti.

Y como otras veces he dicho, no quiero que esto parezcan frases que se puede llevar el viento, porque te aseguro que es una de las bases sobre las que me sustento, así que en caso de que estas líneas volaran, desaparecieran o carecieran de sentido, yo iría con ellas.

Se me empiezan a acabar las líneas que escribir, pero no así las cosas que decir. Pero no sé cómo decirlas. Pero si sé que quiero hacerlo, así que quizás, una vez introducido el tema, espere a tenerte delante, otra vez, y no me deje ni una sola de las ideas que rondan mi cabeza… que te las suelte tal y como están ahí, desordenadas, espontáneas, y sobre todo… vivas. Sonando alto y claro y no dejando espacio para nada más…

Así que, la próxima vez, de viva voz… posiblemente me ponga a hablar y no pare. No sé cuánto tardaré… pero no hay prisa, y menos para intentar con palabras acompañar a la idea fundamental… porque es una de esas cosas para las que merece la pena parar el reloj… porque siempre habrá tiempo para ello, y porque créeme que me lo tomaré, que lo robaré de donde sea necesario, para decir un sincero “te quiero”.

Zapito