No te lo vas a creer, me dijeron, ¡unos fanáticos religiosos están sueltos por la Escuela! Increíble, pensé yo, así que bolígrafo en mano salí raudo y veloz hacia la cafetería esperando encontrar un espectáculo dantesco. Qué decepción, ni rastro de turbantes ni de cachimbas ni de cánticos en las mesas, tan sólo había gritos de los que esperaban su bocadillo y caras de odio de los que hacían cola para sentarse a comer. Decidí entonces buscar en reprografía, tal vez estuviesen fotocopiando octavillas que llamasen a la guerra santa pero, nada, todo el mundo iba calzado y ninguno de ellos estaba de rodillas clamando venganza contra el infiel que siempre acapara la fotocopiadora. Desesperado, salí a la calle esperanzado encontrar el pelele de algún politicucho de tres al cuarto ardiendo en la cúpula de la Escuela. Ni por esas. Con tanta decepción lo mejor era estudiar un rato, por fin, y deprimirme aún más.
De camino a la biblioteca, un momento, había cierto revuelo al lado de una mesa. Esto me recordó a esas imágenes que vi por televisión hace un tiempo en el que un grupo de exaltados se ponían a liarla gorda porque unos periodistas habían hecho un retrato de su profeta. Nada más lejos de la realidad, ellos pedían que se retirase la foto de su profeta pero, en este caso no eran barbudos, ¡ni olían raro! Ciertamente, con más de uno me había cruzado alguna vez. No me creía que estos fuesen los fanáticos que andaba buscando. Me introduje entre ellos.
Con la energía y vigor que caracteriza a muchas mentes de bien pidieron que se retirase un cartel inmoral, ¡acusaban a varios políticos y al mismísimo Papa de promover la homofobia! Menos mal que entonces llamaron a un juez imparcial, un destacado miembro directivo de nuestro centro. Sin duda, decisión más salomónica no pudo haber tenido lugar: retirada inmediata del cartel.
¿Ya está? ¿Eso era todo? Es decir, mayor justicia no era posible pero, ¿acaso no podían haberles humillado, que sé yo, exponiéndoles desnudos en la Sala de la Máquina durante uno o dos de los desayunos de rigor?
El caso es que me acerqué a leer los carteles, un tanto contra natura todos ellos, y observé que regalaban lubricante y preservativos por algo del día del SIDA. Una amiga y yo, amablemente, les pedimos que nos diesen toda la información posible y, una vez con ella, salimos corriendo para tirarla en la papelera de al lado de la Capilla. Jajaja, eso sí que no se lo esperaban.
De todos modos, me alegró saber que desde cierta parte de la dirección de esta, nuestra Escuela, se vigilasen los derechos de libertad de expresión, de libertad sexual de los alumnos y lo que es más importante, no se aceptase que el amor fuese desparramado en gomitas que bien podrían ser utilizadas para inflar globitos con forma de estrella en la próxima fiesta de la Escuela.
Menudo Pollo Pera
Nota: al igual que cualquier asociación, tenéis vuestro derecho a existir; claro que, también, esperamos que en próximas juntas seáis equiparados en derechos al resto de asociaciones, empezando por contar con un local acorde a vuestros propósitos. Al fin y al cabo, si dIOS es omnipresente, dudo que le importe mucho que le recéis en el tercer piso, al lado del baño de las chicas, como lo hacemos todos, y no en una Capilla que bien podría ser empleada para, que sé yo, albergar una biblioteca con textos de diferentes religiones, pensadores, filósofos… Claro que si eso no os satisface, una ampliación de la cafetería o una nueva sala de ordenadores no estaría nada mal tampoco.

Tras una primera impresión de: “¿¿DE QUÉ ME ESTÁS HABLANDO??”, tras meditar y comprender, te doy mi enhorabuena. Bien llevado.
Comment by Bichitis — December 19, 2006 @ 9:04 pm