La señorita que le susurró córtate la oreja a Van Gogh. La inspiración parisina de Picasso o la comparación con el ocaso de Oscar Wilde. El inspector Abberline mezclándola con láudano mientras perseguía a Jack el Destripador. Los homenajes que le brindaron Lautrec o Degas en sus obras. Al fin y al cabo, inspiración y romanticismo en un café de mala muerte.
Es sorprendente la reacción de la gente cuando les dices que eres consumidor (muy) ocasional de absenta; te miran como ese borrachín afable que presume de las copas que es capaz de beber hasta caer doblado, pero nada más lejos de la realidad. Después de que con mayor o menor curiosidad me hayan preguntado sobre el tema, podríamos decir que, bajo cierta petición popular, escribo este cursillo rápido titulado “todo lo que usted quiso saber sobre el hada verde (sin morir en el intento)”.
Lo primero que hay que señalar es que la absenta NO se bebe a chupitos, que es como suele servirse en la mayoría de locales, nunca. Si a eso le sumamos que normalmente la calidad de lo que sirven es tirando a escasa, hace que acabemos bebiendo un mejunje horrible con sabor a dentífrico con el que, con un poco de suerte, seremos encontrados al día siguiente durmiendo plácidamente con la cabeza apoyada en la tapa del váter.
Así que esto es muy sencillo: comprad un vaso y una cucharilla especial de absenta (con la cazoleta perforada) y azúcar en terrones, nada más. La preparación es todo un ritual en el que puedes dar un mayor o menor misticismo al asunto dependiendo del número de personas a las que quieras impresionar, así que reúne a un grupo de gente, ya que es una bebida tradicionalmente social, y elige alguno de los dos métodos de preparación:
- Vierte la absenta en el vaso y coloca la cuchara sobre éste con el terrón de azúcar encima. Haz pasar agua muy fría (sin hielos) a través del terrón, disolviéndolo y rebajando la absenta (en proporción de una parte de absenta frente a tres o cuatro partes de agua). Aparecerá una mezcla de color lechoso. Remuévela y de un trago, valiente.
- La otra forma, tal vez más exótica, consiste en apoyar el terrón sobre la cucharilla y verter la absenta; hecho esto prender el alcohol, lo que provoca que el azúcar se caramelice y se deposite junto con la bebida en el fondo del vaso. Si se desea, como antes, se puede rebajar la mezcla alcohólica con agua fría.
Veamos si al probarla caen todos esos mitos que han crecido alrededor de ella o, por el contrario, encontrais esa inspiración que tantas veces se nos escapa en los momentos de sobriedad.
odíaC_le, Ígneo