RelatosOctober 29, 2006 7:29 pm

Siempre pienso que cuando empieza un curso es el momento perfecto para proponerse sueños, sintiendo que tienes todo un cuatrimestre por delante para cumplirlos.
Prefiero esta ocasión mejor que el fin de año, en el que estás en medio del cuatrimestre y ya hay cosas que no se pueden cambiar.
Seguro que pensáis que ya estoy desvariando, que hace demasiado que empezamos las clases y que los propósitos perdieron su momento.
Los míos todavía no. Siguen bailando en mi cabeza buscando su lugar y tratando de conseguir ser los principales.
Estoy llena de manías, lo sé, pero me gusta cerrar un capítulo antes de empezar el siguiente. Me gustan los comienzos en los que sin olvidar el pasado la mirada se centra en el futuro. Un futuro en el que siempre creo.
Me apetece mucho empezar de nuevo pero no quiero hacerlo hasta que sea el momento.
Y ese momento tarda en llegar. Porque tardan en salir las notas, tardan en hacerse las revisiones, tarda el otoño en llegar. Y yo tardo en cerrar matrícula y en cerrar heridas.
Hasta que llegue me concentro en mis sueños. Miro hacia atrás, miro hacia adelante y me miro a mi misma.
Organizo mi habitación, organizo las asignaturas, organizo mi cabeza, organizo mi corazón y me organizo a mi misma.
Y me siento bien. Porque a veces tener sueños es lo que importa, aunque algunos se pierdan en el camino.
Ahora tengo fuerzas para comenzar el cuatrimestre sabiendo que puede ser mejor que el que pasó, que volveré a cometer equivocaciones y no me arrepentiré, que miraré la vida con respeto pero sin miedo, que lucharé por lo que crea, que estaré rodeada de la gente que quiero y que soñaré cada día.
Puede que vosotros ya tengáis vuestros planes para este curso. Pero no olvidéis incluiros a vosotros mismos. No olvidéis que los planes dan igual si no consiguen que tengáis una sonrisa en la cara.
Yo voy a tratar de no perderla nunca, voy a tratar de conseguir mis sueños.
Dentro de unos meses nos vemos y os cuento si los conseguí o no.
No, mejor os cuento lo impresionante que fue tratar de conseguirlos.

Vértigo

Varios, Apuntes filosóficos 9:04 am

En este apartado pretendemos resolver el enigma que a todos empieza a inquietarnos por estas fechas: ¿Cuándo nos mojamos más bajo la lluvia, cuando nos movemos o cuando estamos quietos? Para resolverlo voy a aplicar conocimientos básicos de física.
Empezaré aclarando ciertas hipótesis de partida. La hipótesis de cuantificación del agua nos dice que en cada diferencial de volumen de lluvia hay un cierto número de gotas de agua de densidad ρ, y cada una representa una masa de agua k. Por tanto la masa de líquido que impacta sobre el objeto es dm = kρdV, válido si el agua cae formando un ángulo de 0º con la vertical. Por otra parte vamos a suponer que todos los seres humanos somos comparables al Cubomán de la figura.
Ahora estudiamos los dos casos que a nos preocupan:

a) Caso de que nos quedemos quietos: Las gotas de agua caen con velocidad límite:
mů + bu = mg –> v = mg/b
representando b un coeficiente de fricción dependiente de la velocidad.
Puesto que sólo me mojo por arriba: dV = a2mg/b dt
y la cantidad de agua recogida será: dα = kρa2mg/b dt

b) Caso de que nos movamos: Ahora además de por las gotas que caen sobre nosotros, nos mojaremos con las gotas que caen sobre la dirección hacia la que nos movemos con velocidad v (impactarían sobre la cara a-b de Cubomán). Por tanto, la cantidad de agua que caería sobre nosotros, cubomanes latentes, es:
dV = a2mg/b dt + Lav dt –> dα = kρa ( amg/b + Lv) dt
Con lo que comprobamos que cuando nos movemos, nos mojamos más.

A la vista de este resultado Cubomán se pregunta: “¿Entonces por qué la gente corre cuando llueve? ¿Será que la gente es tonta?” Ésto me hizo pensar y replantearme la cuestión desde el principio:
Supongamos que debemos ir de un punto A a otro punto B bajo la lluvia. ¿A qué velocidad debemos ir para mojarnos lo menos posible? Sabemos que el tiempo es igual al desplazamiento entre la velocidad, por lo que resolvemos la ecuación diferencial:
dα = kρa (amg/b + Lv) dt –> α = kρa (amg/b + Lv) x/v
Inspeccionemos la función α(v) para ver cuando es mínima:
Si v → 0 –> α(v) → ∞
Si v → ∞ –> α(v) → kρaxL
En la gráfica vemos que cuanto mayor es la velocidad menos me mojaré para ir de un sitio a otro. (¡Corre, Cubomán, corre!) Lógicamente aunque siempre que nos movamos nos mojaremos un α = kρaxL adicional, si nos quedamos quietos nos mojaremos infinitamente.
Ahora, para seguir pensando, podemos preguntarnos qué es lo que falla para que aunque Cubomán lleve paraguas termine mojado igual. Luego elaboraremos la Teoría del Paraguas Perfecto (TPP) y montaremos una empresa productora de éstos. Personalmente, yo lo agradecería.

bichitis