Mírame. ¿Qué ves? No, mírame de nuevo. Deja de fijarte en el pelo despeinado y en las zapatillas viejas y mírame. Pero mírame bien. ¿Qué ves?
¿Te ves a ti o consigues atravesarme y no logras verme? Si me atraviesas es que no puedes verte. Porque yo soy como tú.
Mírame. Fíjate en la mirada perdida y en la media sonrisa. También hubo un tiempo en el que yo fui normal y caminaba mordiendo a la vida.
Deja de pensar que eres distinto a mí, deja de soñar con que cambiarás el mundo, porque no lo harás. También fui como tú, me creí fuerte y sentí que nada podría conmigo. Pero me enfrenté con algo mucho más peligroso de lo que yo creía.
Mírame de nuevo. Puedes notar que tuve una sonrisa permanente y un brillo en los ojos que ya no está. Y tú ya has empezado a perderlo. Se ha ido.
No te des la vuelta, escúchame. He pasado por lo que estás pasando. Solo pretendo que lo sepas porque no hay solución. Ya es tarde para ti. Pero puedes evitar caer del todo y conseguir algo de esperanza para los que como yo fuimos atrapados.
Aún recuerdo cómo era cuando entré es esta escuela: era dulce, era alegre, siempre tenía un gesto amable para quien lo necesitara, soñaba con la vida y vivía para soñar.
Y mírame ahora. Ya no sueño por las noches ni sonrío durante el día. Solo pretendo ser eficiente, sacar una décima más, un suspenso menos, conseguir un buen trabajo. Y no me importa nada ni nadie.
Es duro, lo sé. Así acabarás tú también. Al menos que hagas algo para evitarlo. No dejes que esta escuela te imponga sus normas. Saca tiempo para soñar, para mirar las estrellas, para mirarla a los ojos, para respirar, para creer, para luchar por lo que sientas.
No lo conseguirás del todo. La escuela es mucho más fuerte de lo que crees y en cada convocatoria te irá debilitando. Pero puedes intentar hacerla frente y quizás consigas no dejar de ser tú, mantener una pequeña parte de la persona que algún día fuiste.
Mírame, no me olvides. Mírame y tenme presente. Recuerda que si te descuidas te convertirás en un fantasma como lo soy yo.

Incertidumbre