Papá me dijo que el tren estaba a punto de llegar. Estaba contento. Me dijo que había un monstruo en el vagón, y luego me hizo cosquillas, imitando al monstruo. Me gusta cuando papá está contento. Cuando llegó el tren vi en la ventana delantera un hombre que me miraba. No era el monstruo, así que le pregunté a papá que quién era. Él me explicó que ese señor era el maquinista que conducía el tren. Yo ya sé lo que es un maquinista. En mi libro de trenes hay uno con un gorro azul. Mientras subía al tren en brazos de papá no podía esperar a que me bajase para ver al monstruo. Debía tener una boca grande y los ojos encima de las antenas, y ser de color verde, y tener pies como tentáculos y garras para hacer cosquillas. Pero cuando me bajó no le vi. Le busqué por todas partes durante un rato. “Papá, ¿por qué me dijiste que había un monstruo en el vagón?” Papá estaba serio, porque una chica sentada en frente nos estaba mirando y a papá no le gusta estar contento delante de desconocidos. “Era una broma” me dijo. No, pensé, debe estar escondido, dejaré de buscarle, y cuando se confíe le atrapo. “Papá, ¿dónde está el maquinista?” “Ahí” dijo, señalando a una pared delante nuestro. Me acerqué, pero no ví nada. ¿Por qué me ha mentido?
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