Estaba sentada en un bar con dos amigos de estos a los que vemos muy raramente pero siguen siendo buenos amigos. Yo trataba de explicarles desde la distancia que un chico me había hecho daño pero yo no podía hacer ya nada. Para hacerme entender sin resultar tan derrotada sólo se me ocurrió decir que aún podía vengarme. La palabra venganza empezó a tomar forma en mi pensamiento. “La venganza es un plato que se sirve frío”, me decía éste muy despacio.
En una revista esotérica que leí cuando era pequeña aseguraban que uno podía ser un “pinche no-se-qué”. Consistía en hacerse amigo y cómplice de una persona y dejar pasar el tiempo, mucho tiempo, para luego, cuando menos se lo espere, meterle una puñalada donde más le duele. ¡Y lo decían todo serios! El artículo me impresionó pues esperaba una lección de moralidad, y lo de la puñalada me pareció lo más rastrero del mundo. Digamos que lo del perdón y en lo de poner la otra mejilla lo llevo dentro desde que nací. Sin embargo es cierto, si te vengas en seguida sólo estás reaccionando, te conviertes en enemigo y todo de ti será esperado. Por otra parte, dejando pasar el tiempo, resulta más fácil perdonar, olvidar y ser feliz, ¿no creen? A menos que lo de vengarte te resulte divertido y sirva para llenar algún tipo de vacío. Personas aburridas.
Aunque no compartí mis pensamientos con mis amigos, ellos me mostraron el lado divertido sugiriendo de repente: “mándale un mensaje anónimo: tu novia folla divinamente” Juntos ampliamos este mensaje: “Hola, soy David: tu novia folla divinamente” “Hola, soy Ana: tu novia folla divinamente” hasta dejarlo en: “Hola, somos David y Ana: tu novia folla divinamente”. Yo no necesito llenar ningún vacío, pero la encontré una venganza curiosa que sólo afecta de acuerdo a la seriedad de la persona a la que estás escribiendo. Esto me gustó: para escapar, la persona simplemente no debe tomárselo en serio, pero ahora bien, ¿esas cosas no quedan dentro? Si te llaman “cara de garbanzo” o “burro cazurro” o te dirigen un insulto personalizado que a ti te afecte… ¡y no sabes quién te lo ha dirigido! Para sospechar de todo el mundo…
Volviendo al caso, ¿a quién no le afectaría? Bueno, pues alguien a quien le molase que su novia fuera por ahí haciendo tríos, y eso puede que a ella le sentase mal, aunque si es verdad eso que gana, y hasta puede que los dos descubrieran aspectos positivos… A mí no me gustaría que nadie sacara ventajas de una venganza mía… También hay otra mentalidad que sólo diría: “Ah! Pues gracias…”
Por eso, en distintas situaciones de mi vida, he intentado inventar infalibles venganzas que tenían que ser absurdas para que nadie puediera esperarlas, y dañinas. Sé que si tuviera control sobre ellas terminaría confesando y disculpándome tras un pequeño arañazo y eso es lo peor que se puede hacer tras una venganza, por no decir que daría risa. Yo pensando sufro más y puede que a la otra persona luego le resbale… Por otra parte no me gustaría perjudicar a terceros con mi venganza, no voy a hacer de Yago en Otello. Además, supongamos que he hallado un punto débil y puedo poner La Venganza Perfecta en práctica. Me siento poderosa pero… ¿sería capaz de dañar a alguien a quien automáticamente vería débil e indefenso? Yo no. Además está la diversión de atacar y defenderse… (Enemigos declarados. Personas aburridas)
Sé que todo esto trasluce que soy una persona pacífica, que amo el pacifismo, y que no me gusta vengarme, por eso planeo venganzas. Decidí hacer como los del “pinche no-se-qué” y me acerco lenta, disimulada y constantemente, planeando, pero como luego perdono y olvido sin poder evitarlo… me veo tan poderosa, como la hormiga que se ve elefante.

bichitis