No podría indicarte el camino, ni decirte cómo llegar. No podría dibujarte un mapa, ni apuntarte una dirección. Tampoco sabría simplemente orientarte con el dedo, ni te podría asegurar que fuera capaz de acompañarte. Pero sí que te prometo y te prometería si me preguntaras… que existe.
Existe un lugar…
…donde no hay prisa ni intranquilidad, donde nunca llegas tarde pero tampoco tienes que esperar, donde la obligación y el deber son opciones, donde gobierna la libertad. Pero no sólo esa libertad como ideal, esa libertad por la que se lleva luchando tantos años, no, la libertad total.
Ir, venir, entrar, salir, parar, seguir, andar, correr, nadar, hablar, callar o simplemente estar… ¿qué quieres hacer? Ni siquiera preguntes, sólo hazlo. Es un lugar en el que te olvidarás de todo menos de lo que allí está, menos de lo que quieras recordar… vivirás la vida como siempre has querido vivirla, la disfrutarás como nunca lo has hecho, y siempre, hasta el final de los tiempos, lo recordarás.
¿Dónde está? En algún momento lo encontrarás. Este maravilloso paraje varía de forma y situación, cambia de aspecto y viaja raudo, pero en algún momento se cruzará en tu camino, y en ese momento sabrás que en él estás. Y cuando vuelvas a encontrarlo lo sentirás inmediatamente, cruzando los dedos porque esta vez tu estancia dure algo más.
Son esos momentos los que hacen la vida interesante, los que hacen que vivas el día a día con intensidad, los que te instan a avanzar. Un lugar… aunque realmente, quizás, lo que importa no es el lugar, no es el sitio, es el momento, la compañía, la tranquilidad. Quizás, y sólo quizás… somos nosotros los que hacemos el lugar que queremos, y no el lugar el que nos hace a nosotros quererlo. Sea como sea, espero volver pronto, quedarme un tiempo, disfrutarlo. Algo me dice que no queda mucho.
Existe un lugar…
Zapito
