Varios, PoemasMay 9, 2008 6:46 pm

(De un mendigo que a veces me cruzo camino de la escuela)

Con tu voz ronca de apocalíptico
Profeta, tu rencor al mundo ladras,
Negras tus barbas como tus palabras.
Di porqué, brutal estilita loco,

Ruges desde el banco donde has dormido:
“¡Me cago en mi sol, me cago en mi suerte!”
Bebe el vino amargo como la muerte,
Amarga el vino como lo vivido.

Sacia con él la sed de tu garganta
Destructiva. Ni mires, a ese necio
Ciudadano que tu cólera espanta.

Solamente busca huir de este modo,
Pues para él, eres un sutil anuncio:
“No olvides que no somos más que lodo”

por “El Exiliado del Mitreo”

Varios, Relatos, ReflexionesApril 29, 2008 10:29 pm

“Traidor”, pensó la muchacha bajando del coche. En su casa se cambió los zapatos por unas babuchas con hilos de oro, y se abrió el pecho para limpiar su corazón. Lo hizo suavemente, con un paño humedecido, sacando una por una todas las finas agujas de plata que lo oprimían. Luego colocó otra vez todo en su sitio. Era una operación rutinaria que repetía unas dos veces al día. Le llamó por teléfono. “Tú no tienes la culpa, Oscar”, le dijo, pero él tampoco se disculpó. Al colgar sonrió con tristeza un momentito, mirando a la ventana, donde detrás de su reflejo se veían lejanas las estrellas. No, él no tenía la culpa, pero él corazón a ella nunca se lo hubiera permitido. Volviéndolo a sacar lo estuvo observando un rato entre sus manos de artista. Le gustaba su corazón, y siempre le hacía caso. Latía cada vez más fuerte entre sus dedos empapados. Le gustaba, por sus paredes lisas y duras, por su peso y sus generalmente acompasados latidos. Volvió a pensar en Oscar, y otra vez le disculpó, pero pensando: “traidor”, y su corazón volvía a cubrirse de arenilla y raspones. Esta vez lo metió debajo del grifo y miró como el agua tibia llegaba a cubrirlo. “Ahora eres un pez”, le dijo y sin dejar de mirarlo se durmió profundamente en un sofá. Al despertar fue a buscarlo. El pez nadaba en círculos tranquilamente por la pila, creando ondas que reflejaban la cristalina luz de la mañana. La muchacha silbó entre dientes: “¿Dónde estás?” Él pez siguió su baile diciendo traidor, mientras ella lo miraba hipnóticamente. Durante un rato trató de capturarlo sin mucho empeño con la mano. Al no conseguirlo le ordenó: “¡Corazón!” Pero nadaba. Entonces, con un gesto rápido y los dientes apretados quitó el tapón del fregadero vaciándolo, y lo dejó agonizar. Con mano experta sacó las tripas y se comió a bocados el resto, ignorando las últimas contorsiones, y el dolor que le causaban las espinas al partirse en el paladar. Luego bajó al coche: iría a casa de Oscar. Sus ojos castaños le devolvieron la mirada en el retrovisor. Vio como el sol se reflejaba en su flequillo negro. Dibujó una sonrisa y clavó las uñas en el volante, mirando con determinación. Ya llegaba. “Traidor”. Entonces lanzó un grito que le sorprendió a ella misma. No pudo seguir conduciendo. Las espinas, sin corazón en el que clavarse se le hundían en la carne y él dolor que causaban le recorría todo el cuerpo. Contorsionándose y gritando en el asiento delantero, sintió como la sangre le llegaba a la boca y le enturbiaba la mirada mientras pensaba cada vez con más fuerza: “traidor”. Y las palabras que le guardaba ya nunca llegaron a su destino.

bichitis

Relatos, Humor, Revistas publicadasApril 8, 2008 10:11 pm

Uf… nueve pisos… ¿Dolerá? Aunque no sea una forma original de morir, graciosa lo es un tanto: sólo habrá que ver las caras que pondrán los transeúntes al ver mis restos esparcidos entre el suelo y la ventana del coche que está aparcado en frente. Todo muy “gore”, como una peli del grandísimo Tarantino.

Ya estoy familiarizado con esto, no os preocupéis. Aprendí lo que sería cuando quise comprobar si Micifú tenía siete vidas. Sí, fui yo, un gato no se puede pegar las patas con pegamento el solito. Al cabo de unos días, el patio apestaba, llegaron las ratas y se tomaron la revancha. Malditas, seguro que llevan ahí desde que la abuela vivía de joven en esta casa. Tendrán montadas hasta sus propias mafias. “Dame eze trozo de quezo.” “¡No, lo he condeguido dó!” “¿Quierez zeguir con protezión? ¿No valoraz tu vida?”

Tranquilos, el mundo está lleno de muertes diarias, no sólo de bichos inmundos (ejem… de animalitos respetables), sino también de humanos. En ciertos países mueren por decenas y apenas tienen cincuenta segundos reservados en los telediarios. Yo no quiero gloria, no quiero que se sepa que me he espachurrado contra el suelo, ni que sirvo de abono para las plantas del cementerio, no quiero esquela, ni funerales guays, ni nada de eso. Dejadme en la morgue, que dicen que es un sitio muy fresquito.

Carlos, no te frotes las manos, mi bici ya la he vendido (no haberme roto el mega-yoyó cuando estaba tan de moda) y las revistas Private se las he dado un amiguete salidillo. Eso sí, te deseo suerte, enano, y deja el pabellón de la familia bien alto en los concursos de eructos –ya sabes el truco.

Papá y Mamá, gracias por todo. No os preguntéis por qué, simplemente he elegido la pastilla roja. Creo que debéis estar orgullosos porque vuestro hijo haya sido lo suficientemente listo como para no tomar cianuro o matarratas para morir: eso si que debe de joder. Los barbitúricos no me los vendían y lo de cortarse las venas… ya sabéis que la sangre me da “yuyu”.

Bueno, pasadlo bien en Gandía este verano aunque ya va siendo hora de variar un poquito.
Adiós a todos.

P.D: Se me olvidaba: recordadle al tío que se cambie de equipo, que el suyo no va a ganar nunca la liga.

farero

Reflexiones 10:09 pm

“Hola niños y niñas, estoy aquí para presentaros la siguiente función, ¡una de las mejores que hayáis visto nunca! ¡Espléndida! ¡Sublime! Preparaos, que llega: ¡Politini el magnífico!”

Tras esto, Arlequín salió del escenario sin borrar de su boca la cínica sonrisa pintada. Se retiró el telón suplantándolo una cortina de humo. Acompañado de una música inquietante, surgió un individuo de la nada, con chistera y chaleco rojo. Dio un bote y desapareció. Dos segundos después, estaba sentado en una butaca en la que había antes un niño. Se subió al escenario, se sacó la chistera y de ella saltó el chico, que no salía de su asombro. Uno tras otro, se sucedieron los milagros, a cada cual mejor.

A la salida, Aurelia y Venancio comentaban contentos lo bien que habían invertido sus pagas, reservadas para la ocasión, cuando un hombre, que venía de la puerta trasera del teatro, se les acercó diciéndoles:
- Parece que os ha gustado.
- Sí, mucho –dijo Aurelia. ¿Arlequín? ¿Eres tú?
- No, soy un simple pinche –dijo escondiendo un cascabel en el bolsillo. Me preguntaba si querríais entrar en el teatro para ver lo que esconde.
- ¡Síiii! –dijeron casi al unísono.

Arlequín les dio un paseo por los camerinos donde pudieron ver a Politini y a sus ayudantes, pero aquel les saludó don indiferencia y susurró a Arlequín un te dije que no volvieras a traer a los niños aquí, todavía tengo los hilos de la camisa sin quitar. Venancio lo escuchó, pero no dijo nada. Arlequín siguió con la visita guiada y les enseñó los artilugios que servían para hacer levitar al mago, para fabricar el humo que parecía que surgía de sus manos, las cajas con doble fondo y las jaulas plegables de las que desaparecían los pollitos: estaban manchadas de sangre. Los niños tenían ya desdibujada de su cara la sonrisa con la que habían salido del teatro y le pidieron al hombre que les enseñase la salida.

Volvieron andando a casa sin abrir la boca para hablar y se despidieron sin mediar palabra. Al llegar a casa, Aurelia se encontró con su padre y le contó lo ocurrido. Éste, tras esbozar una sonrisa casi inapreciable, le dijo:
- No te preocupes hija, te irás acostumbrando a ello a medida que vayas creciendo. Te darás cuenta de que en la vida hay muchas obras de teatro o funciones de magia que no son reales, son ilusiones que creamos las personas, unas veces para reírnos o soñar, otras veces para engañar. Éstas últimas son las más peligrosas y son de las que has de tener mucho cuidado. Sin ir más lejos, el 9 de marzo va a empezar una que se repite cada cuatro años y dura otros cuatro. En ella, como hoy tú has comprado la entrada, la gente no tiene más que depositar un papelito en una cajita con el que se elije a los actores de la función. Cada mes tiene que pagar por esa función, porque los actores tienen que comer y realizar la representación por los demás, que no quieren o no son capaces de hacerlo. Lo que ocurre es que si les gusta, pueden verla hasta el final, pero si no les gusta, no pueden cambiar nada en ella, no pueden detener la función y lo único que parece estar a su alcance es no mirar. Finalmente, hay unos pocos como tú que llegan a ver el vientre del teatro y se dan cuenta de lo falsa que es la función. Entonces, cultivan esperanzas para que la siguiente función sea mejor, pero resulta ser casi la misma.
- ¿Y no se puede hacer nada para cambiarlo?
- Sí, pero es difícil porque hay mucha gente que va a ver la función porque el resto de sus vecinos van a verla o porque tienen miedo de que deje de haber funciones para elegir y que estén “obligados” a ver una. Sin embargo, algunas personas se atreven a exigir a los comediantes que dejen de actuar, protestan en la entrada del teatro o no acuden a él. Otras, pretenden hacer una función en la que todos sean actores y espectadores a la vez, pero les llaman idealistas y utópicos, así que cejan en su empeño.

Aurelia acabó de escuchar a su padre y se quedó mirando al vacío. Esa noche no cenó, no durmió. Al día siguiente, se encontró a Venancio en el colegio.
- Voy a montar una obra en la que todos actuemos. ¿Te apuntas? Hay que decírselo a…

NoinectsbA

Varios 3:27 pm

Este libro fue escrito por Arthur C. Clarke en 1954. Empieza con la carrera entre los EEUU y la URSS por conquistar el espacio y termina 200 años más tarde desvelando el destino de la especie humana. Pese a lo que pueda parecer, se trata de un libro cortito y entretenido, pues el autor se limita a narrar los acontecimientos clave que llevarán la historia a su desenlace. Por eso entre un capítulo y otro pueden haber pasado varios años y cambiado los personajes.

Uno de estos acontecimientos es la llegada de unas naves extraterrestres a nuestro planeta. Los extraterrestres, llamados por los hombres “superseñores”, se ocultarán de los hombres, pero su líder, Karellen, a través del Organismo de las Naciones Unidas, guiará a la Tierra a la paz y la prosperidad y logrará la hermandad de la especie humana. Parece que todo va a ir de perlas, pero ¿podrán los hombres resistir su curiosidad y no interferir en los acontecimientos? ¿Dejarán de preguntarse qué es lo que traman los superseñores y por qué esconden su figura? Y en este auge del desarrollo tecnológico, ¿qué pasará con la cultura, las artes y las experiencias paranormales?

Arthur C.Clarke fue un científico y escritor británico que nació en 1917 y murió el pasado 19 de marzo en Sri Lanka, donde vivía desde 1956. Para hacernos una idea de las cosas que desarrolló en vida podemos recordar que llevan su nombre la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales, un asteroide y un dinosaurio. Además fue especialista en radares, presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS) y caballero de la Orden del Imperio Británico. Entre su bibliografía destacan La Cuidad y las Estrellas, Cita con Rama, 2001: Una Odisea Espacial y Fuentes del Paraíso.

La ciencia ficción es un género artístico y literario en el que se rompe con la realidad, pero de una forma racionalmente explicada. De ahí su nombre: ficción científica. La trama suele partir del desarrollo tecnológico en un posible futuro, el comportamiento humano dentro de una sociedad utópica, o desarrollar ideas derivadas de yuxtaponer al ser humano con seres extraterrestres o robots. En cualquier caso, este libro es muy buen ejemplo de cómo la ciencia ficción puede acercarse a la filosofía dejando al lector interrogarse sobre las preguntas “últimas” (y otras no tan últimas) a las que el ser humano intenta dar respuesta desde que el ser humano es racional.

bichitis

VariosMarch 13, 2008 7:52 pm

Pasaban cinco minutos de las siete de la tarde cuando apenas se dibujó en su cara la última de las sonrisas, la definitiva mueca de tranquilidad.

Unas manos sudorosas, recias pero sensibles, turbadas por el inexorable, y fatal, destino, acababan de desenchufarlo de la vida, de rescatarlo del sombrío túnel de la ciencia, allí donde aparatos y cables, sustentos de artificialidad y últimos eslabones del combate contra la muerte, son incapaces de dominar al espanto y a la desolación.

No pudo evitar pensar en todos los momentos que pasaron juntos, padre e hijo, conviviendo y compartiendo una vida que se había visto truncada tan sólo unas horas antes, pero que a él ya le parecía una eternidad. Un sentimiento extraño, mezcla de rabia y culpa le inundó en ese instante mientras le observaba, maldiciendo en silencio la fragilidad de la existencia.

El padre enjugó sus lágrimas, abrió la puerta de aquella sala y respiró hondo; mientras, el pasillo se iba llenando de nuevas máquinas, de nuevos cables y de batas de todos los colores, en vertiginosa procesión por todas las direcciones.

Certificada, finalmente, la inutilidad de las alarmas, sus manos recias, aún sudorosas, firmaban al pie de un texto que ni siquiera leyó.

Horas después la sonrisa del hijo, arrancada violentamente en aquella carretera infernal, y la mueca de una renovada tranquilidad, comenzaban a aflorar en el rostro de aquella muchacha de ojos verdes de la habitación 203, que era, de nuevo, todo corazón.

John Dorian

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:51 pm

Lucía está inquieta. Incapaz de controlar el frenético ritmo que domina su cuerpo y devora sus nervios, la rubia y atlética artista enciende un cigarrillo, lo sujeta firmemente entre los labios e intenta buscar una calma que, desde hace días, se le resiste.

Con el ceño fruncido, Lucía inclina la cabeza y observa su nueva creación. No hay duda, la obra es triste pero realmente bella, llena de un realismo patético que hiere. Lentamente la pintora ilumina ligeramente el lienzo, en donde diferentes matices y relieves se hallan tan distantes de sí mismos que resulta extravagante. De las esquinas del lienzo nacen finas líneas que se entrelazan radialmente, fusionándose con intensas rosetas que parecen latir desacompasadamente, como un corazón hecho pedazos. Ha conseguido el efecto que buscaba, transmitir desazón y confusión.

Ya son las dos de la madrugada. Esa misma mañana se presenta la obra y Lucía no consigue su objetivo; poner nombre a la amarga historia que encierra la tela. Para ella no es un cuadro más sino que va mucho más allá; es la culminación de una etapa, el punto y final de su sufrimiento.

Cansada y derrotada, la mujer se asoma por la ventana intentando encontrar en tan breve receso un resquicio de esperanza para su inspiración…

…Y desde aquel apagado ventanal es testigo del momento más íntimo que ha presenciado en meses, un eterno instante que, para su desgracia, no le pertenece. La Gran Vía madrileña acoge en su seno a una dulce pareja, ajena al aciago mundo que la rodea y abrazados con una intensidad que sobrecoge. Ambos permanecen con los ojos cerrados y los rostros pegados, temerosos de perder aquella intimidad tan virginal. Así es como debería ser la vida de Lucia, no la existencia vacía y yerma en la que se cobija y que sólo recobra el sentido cuando es capaz de plasmar su dolor sobre un lienzo, el único ser ajeno ante el que es ella misma.

Tras retirarse de la ventana Lucía llora amargamente. Llora porque es consciente de que los sentimientos que más duelen son los que se desean vivir y no se han vivido; el ansia de lo que pudo ser y no ha sido, el cruel abismo entre lo deseado y lo obtenido, el amargo arrepentimiento de las oportunidades perdidas… Y es que ha vivido con tantas promesas forjadas a fuego lento que, cuando se las han arrancado del corazón a golpe de estaca y martillo se ha roto en pedazos, y tiene miedo.

De repente fija la mirada en su creación. Poco a poco su cara cambia iluminándose y recobrando un brillo que creía extinto. Mientras una abrasadora lágrima recorre su mejilla, una sincera sonrisa acompaña el vaivén de su pluma, escribiendo el punto y final no sólo al nombre de su nuevo retoño, sino también a la peor etapa de su vida.

LA BLASA

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:50 pm

Riiiiiiiiiiiiing, riiiiiiiiiing, suena la campana y comienza la carrera. El corazón me palpita cada vez mas fuerte, y mi respiración empieza a agitarse. Él, sale primero, con su típico ritmo pausado, y tu, intentando deshacerte de la marabunta de gente que os separa, intentas reducir la distancia mientras lo buscas con la mirada. Yo soy el que mas corre, sin duda, subo y bajo, voy de un lado a otro, sin tener muy claro porque sigo corriendo ni tampoco hacia donde ir, pero corriendo, como si un impulso inevitable se hiciese dueño de mis piernas cada vez que esa campana suena. Finalmente, consigues acortar distancias y llegar a tu meta. Él, taciturno, se alegra de la agradable sorpresa y te recibe en sus brazos, como si fuese a la vez, premio y premiado. Yo entre jadeos me quedo en la distancia, observando, triste porque un día mas he vuelto a perder, triste porque se, que esta carrera esta amañada y siempre corro con desventajas. Decido volver y descansar, me va a hacer falta, porque tras la siguiente clase volverá a sonar la campana.

Leonel

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:48 pm

Hace mucho tiempo que mi alma ya no abandona el mitreo. Aquí en la oscuridad se está a gusto. Uno se siente bien en la humedad de esta caverna, se siente reconfortado con la sensación de seguridad que da el saber que hay varios metros de tierra sobre tu cabeza. Es un poco como volver al vientre materno, pensadlo, en el fondo tampoco es tan disparatado. Los hombres que existieron mucho antes que nosotros, hombres que vivían mirando al cielo y cavando el suelo, siempre habían querido ver en la tierra a una madre. Pero nosotros hemos sido más listos y para que no nos nuble la vista la hemos cubierto oportunamente de asfalto y hormigón.

Cuando salía de mi catacumba buscando el sol no lo encontraba, y en su lugar es la luz de los neones la que me deslumbra. Las luces de la ciudad, diréis. Y yo digo sí y no: las luces de la sociedad. Dicen que hace siglos (me temo que demasiados pocos) que la esclavitud ha sido abolida en el mundo occidental. ¡Que grotesca ironía encierran estas palabras! Pues en el fondo solo somos libres nominalmente, únicamente han cambiado las condiciones de nuestra servidumbre.

Creemos que nos hemos librado de los viejos grilletes: la religión, el estado…, que necedad, es que acaso no sufrimos la presión de nuevas ataduras que han surgido para sustituir a las viejas herrumbrosas. ¿O es que no reconocéis en el mercado de consumo al patrón que desde mediados del siglo XX nos bendice con las cadenas que agradecidos nos colgamos? Prácticamente nada ha cambiado, porque en realidad todo esto no son más que síntomas de un mismo mal.

¿Nunca habéis tenido la sensación de no ser más que un títere que camina por sendas que otros le han marcado? El hecho es que la sociedad nos condiciona, nos moldea y nos uniformiza, y lo hace mucho más de lo que queremos reconocer. La Sociedad: el bien pensar, el bien hacer, delimitada por los severos prejuicios que separan el bien del mal. Ese mar de prejuicios sobre el que la humanidad flota. Ese mar que se torna tormentoso para hacer naufragar a todos aquellos que se atreven a navegar a contracorriente. Que difícil es salirse del redil. O acaso hay muchos que os atrevéis a actuar de forma distinta a lo que se espera de vosotros.

Por favor, no quiero que penséis que es a vosotros a quienes increpo, vosotros, que estáis teniendo la bondad de leer este texto, aunque puede que más de uno se haya dado por aludido. No, en el fondo me increpo a mi mismo. Pero no podéis ni imaginaros (o tal vez sí) lo difícil que es sobrevivir sin enloquecer, cuando una parte de ti te dice “¡Habla!” y la otra “¡Calla!”, cuando una te sugiere la sensata sumisión, mientras la otra te grita “REBELION”.

Sabed que aquí, en el corazón de la tierra, soy libre, y mientras bajo el sol tiro del arado, uncido por un yugo que aprieta como un diablo, en la sombra, mi voluntad grita. Aúlla al viento: “Tendrán mi esfuerzo, pero jamás, jamás doblegarán mi espíritu”.

Por: el Exilado del Mitreo

Concurso de relato corto.Awa.07/08

Varios 7:46 pm

La mejor terapia para liberar el estrés acumulado a lo largo del día puede ser tumbarse en la cama durante unos minutos antes de acostarse, cerrar los ojos, y dejarse llevar a un mundo tan irreal como maravilloso.

El frescor de la arena de la orilla de un río te hace abrir los ojos, sientes en tu espalda el granuloso masaje que te regala la naturaleza. Apenas a unos metros de ti, fluye un potente manantial de agua cristalina, que serpentea entre las rocas. Dejas que el precioso sonido de la naturaleza penetre por tus oídos e inunde la totalidad de tu cuerpo. Al mismo tiempo dejas a tu cuerpo que vuele libre sobre el valle en el que hace unos segundos te encontrabas. Con tus ojos puedes ver lo bonita que es la nieve en lo alto de las colinas, a los cervatillos buscando raíces en el valle blanquecino y, al levantar la vista, observas junto a ti el majestuoso vuelo de un águila real. Sientes frío, pero es un frío que te produce placer, el inmenso placer de flotar en la nada, de sentir el aire puro y limpio que roza con tus mejillas, de vivir la vida en la más absoluta grandiosidad. Te sientes feliz, libre, único… Durante unos segundos estás disfrutando de lo maravillosa que puede llegar a ser la vida, la otra vida, la que no se encuentra en el ruido y el bullicio rutinario. Miras a la profundidad, a cientos de metros bajo tus pies, y ves un pequeño lago de aguas azules, un azul tan intenso como el del cielo, y te dejas caer hacia él sin miedo a nada, lo más rápido que puedes, sin importarte la temperatura del agua o su profundidad. Al acercarte a la superficie, disminuyes la velocidad de caída ligeramente, hasta posarte con total suavidad sobre las gélidas aguas del lago. Tras mirar al horizonte durante unos segundos, decides que es hora de darle profundidad a tus sueños y permites que tu cuerpo se sumerja en la masa azulada en la que te encuentras. Dejas de sentir tu cuerpo, tu existencia, pero a la vez sientes que eres mucho más de lo que nunca has sido. No necesitas respirar porque tu grado de relajación es total. Te estás dando cuenta que tu vida a cambiado en muy poco tiempo, y no quieres volver a la anterior. Cierras de nuevo los ojos para volverlos a abrir pocos segundos después. Te despiertas en el agua de nuevo, pero esta vez te encuentras en un manantial de aguas termales que burbujean bajo tu cuerpo y te producen el mayor placer posible. Vuelves a cerrar los ojos y te concentras en recordar los mejores momentos de tu vida, aquellos que podrían estar repitiéndose en este mismo instante dado el estado de felicidad en el que te encuentras en este momento. Poco a poco vas notando como bajo tu cuerpo el agua va cogiendo fuerza y velocidad. Al cabo de unos segundos notas total libertad, alrededor de tu cuerpo no sientes nada más que el frescor del viento de nuevo. Por tus oídos penetra un ruido ensordecedor, tardas unos instantes en reconocer de qué se trata, es el ruido de una cascada. Te dejas llevar libremente a donde el destino quiera llevarte, sin ninguna oposición por tu parte. Abres los ojos por última vez para contemplar la majestuosidad de la naturaleza en su máximo apogeo, atraviesas el agua del fondo de la cascada y llegas a un nuevo y más fabuloso mundo aún que el anterior…

Ahora es hora de que cierres de verdad los ojos y vayas en busca de este nuevo mundo, de que dejes crecer tus sueños, de que tus sueños crezcan en tu interior…

OMICRÓN DELTA

Concurso de relato corto.Awa.07/08